El 'Parlament' reta al Senado este viernes

  • Los independentistas convocan el pleno de independencia a la vez que la Cámara Alta debate y vota la intervención del 155

  • Temor a que los más radicales alienten la rebelión en la calle y blinden los edificios públicos con miles de manifestantes

  • Puigdemont planea acudir al Senado, cuyo presidente le ofrece ir el jueves a la comisión o el viernes a la sesión plenaria

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Un parlamento autonómico, el catalán, frente a la decisión del Senado, la Cámara territorial española. Ése es el choque de legitimidades que vamos a ver a partir del jueves. Una mayoría del Parlament aspira a declararse soberano, a sustraer una parte de la soberanía nacional que reside en el Senado. De modo ilegal, sin apoyos internacionales y sin garantías democráticas, pero con la esperanza de que el uso de esta fuerza -de momento, sin empleo de violencia- le abra una ventana en la escena europea. No es una metáfora ni un juego de imágenes ni una composición estilística: es a lo que este país se enfrenta a partir del jueves. Ese día, el Parlament ha convocado un pleno específico para acordar las medidas contra la aplicación del artículo 155 de la Constitución; en la convocatoria no figura la declaración de la república pero ésa es la intención de la CUP y de ERC, proclamar la república, un hecho que se podría producir el viernes mediante el voto de una propuesta de resolución. Sobre esa misma hora, a lo largo de la mañana, el Senado celebrará el pleno en el que se apruebe la intervención de la Generalitat, que conlleva la destitución de su presidente, Carles Puigdemont, de todos sus consejeros y la asunción por parte de Mariano Rajoy de la potestad de disolver el Parlamento y convocar elecciones.

Hay un resquicio de esperanza, aunque es mínimo. Puigdemont acepta acudir al Senado a explicar sus alegaciones a la intervención. Debería hacerlo el jueves a partir de las cinco de la tarde, pero el presidente de la Cámara, Pío García Escudero, ha abierto la opción de que pueda participar en el mismo pleno. Esto no ha ocurrido nunca, pero las circunstancias son excepcionales. La comisión senatorial del 155 se constituye esta mañana, y el miércoles enviará a Puigdemont la oferta de alegaciones. El viernes se celebrará el Pleno de aprobación, cada grupo podrá intervenir en dos ocasiones y es posible que el mismo presidente Mariano Rajoy defienda la posición del Gobierno sobre este asunto. Una vez votado -se necesita la mayoría absoluta-, se reunirá el Consejo de Ministros y será éste el que firme las destituciones, nombre a un coordinador general para Cataluña y designe el resto del organigrama. Según algunas fuentes del Senado, el acuerdo se podría publicar ese mismo viernes en una edición digital del BOE; en cualquier caso, el sábado estarían destituidos. "Sin firma", como lo expresó ayer la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría.

Parte de los Mossos, los bomberos y la TV3 no acatarán las órdenes del Gobierno central

Al otro lado del país, en Barcelona, ya estará reunido desde el jueves el Parlamento de Cataluña. La idea de los independentistas era convocar el pleno el mismo viernes, pero aseguran que temen el "filibusterismo" de los parlamentarios del PP, de Ciudadanos y del PSOE; es decir, que estos diputados intenten impedir la salida hacia la ilegalidad de la Cámara con discusiones y llamadas a los servicios jurídicos y el pleno se prolongue tanto que en Madrid ya se haya aprobado la intervención. Porque ése es el objetivo: que cuando se rubrique el decreto del 155, el Parlamento ya haya declarado la república catalana. Así lo ha expresado ERC y la CUP, y el brazo social de los independentistas, Òmnium y la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC).

Sobre lo que aún no se han puesto de acuerdo estos partidos es cómo proclamar la independencia: si mediante una votación, a lo que se opone la CUP, o una fórmula que pase por darse por enterados de los resultados del referéndum del 1 de octubre.

Ante esta suerte de suicidio colectivo, aún hay sectores que confían en que Carles Puigdemont sortee la intervención mediante la convocatoria de elecciones autonómicas. El suspiro sería unánime en Barcelona y en Madrid, donde no se esconde el problema al que se enfrentará el Gobierno para aplicar el 155. Si Puigdemont va al Senado será una primera señal de eso, pero no definitiva. Si no viaja a Madrid, no habrá esperanza. Los medios de comunicación escritos, los alcaldes socialistas de Lleida y Tarragona, el Círculo de Economía, el mundo de la empresa y las iniciativas particulares que están surgiendo estos días desde la universidad y la cultura claman al presidente por esta convocatoria. El portavoz de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, dio ayer el respaldo de Bruselas al 155, y el ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, viajó a Estrasburgo a reunirse con los dirigentes de la Eurocámara. Realmente, la mentira sobre la que estaba sustentada esta independencia a la carta (la ausencia de costes políticos y económicos) se ha revelado, no hay dudas, los independentistas no tienen más objetivo que la segregación, aunque ello suponga una generación de miseria para Cataluña.

Lo que no se aceptaría es que firmase el decreto de elecciones minutos después de declarar la independencia. Se considera una trampa. El portavoz del PSOE, Óscar Puente, respondió así a una pregunta que Soraya Sáenz de Santamaría evitó en una ronda matutina de entrevistas. De todos modos, hay que considerar que el Senado puede cambiar el contenido del desarrollo del 155 en función de los acontecimientos de estas últimas horas.

Y el temor no es sólo el peligro de intervención que corre una institución histórica como la Generalitat, sino que la rebeldía institucional se traslade a las calles para impedir la aplicación del artículo 155. Y hay voces, realmente, inquietantes. El consejero de Exteriores, Raül Romeva, dijo en el programa matutino de la BBC 4 que los funcionarios sólo cumplirán las órdenes del Govern. No aceptarán las indicaciones de los dirigentes que Madrid nombre el viernes. Si eso no es una llamada a la rebelión, es una advertencia. La CUP ya ha llamado a una "desobediencia civil masiva" para cuando se ponga en marcha el artículo este sábado. La agencia Bloomberg, citando a fuentes no identificadas, sostiene que los independentistas preparan blindar los principales edificios de la Generalitat, el Palau de Sant Jaume y el Parlamento con miles de manifestantes. La posibilidad de que los independentistas, o al menos los hiperventilados, tomen las calles para impedir el 155 y que algunos de ellos provoquen la reacción violenta es real.

Parte del cuerpo de bomberos, los seguidores de la ANC, han comunicado que no atenderán a más órdentes que las de Puigdemont y su Govern. Y lo mismo ha hecho unan sección de los Mossos, "adscrita" a la ANC. La ANC y Òmnium son las organizaciones que ejecutan las acciones contra la intervención de la policía y de los jueces, así lo hicieron el 20 de septiembre. A través de una página web (Cridasolidaridad), que dirige a un grupo de wassap, se van dando las indicaciones. También han anunciado que no acatarán la orden las plantillas de los medios audiovisuales de la Generalitat, la TV3 y Catalunya Radio. Estos medios se han convertido en uno de los actores del independentismo, el Gobierno central asegura que los intervendrá para garantizar la neutralidad de las informaciones y el papel que le adjudica el Estatuto.

En el caso de que el presidente y los consejeros no acepten sus ceses, el Gobierno considera que el decreto también será efectivo, ya que dejarán de contar con firma, presupuesto y colaboradores. El fin de semana será duro en Cataluña.

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