Ignacio Martínez de Pisón, escritor

"Los veinteañeros tienen motivos para estar cabreados"

  • Sus trabajos superan los veinte títulos y culminan, de momento, con 'El día de mañana', una magnífica evocación de la España que vivió los estertores de la dictadura y los primeros años de la Transición.

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-Leyendo El día de mañana uno tiene la impresión de que el resentimiento es un rasgo distintivo del español medio.

-No lo creo así o, al menos, no pretendía que la novela transmitiera esa sensación. Es una historia ambientada en buena medida durante el franquismo y, más que de resentimiento, yo hablaría de disgusto. Un disgusto que no tardaría en transformarse en esperanza ante los cambios que estaban por llegar.

-En el personaje de Justo Gil (estafador, trepa, chivato, traidor, facha, entre otras lindezas) ¿está retratando a cierto tipo de perdedor o a una generación?

-Justo Gil ni siquiera tiene la gloria secreta de los perdedores. El protagonista de mi novela es mucho peor que eso: es un pelele en manos de un destino adverso. En ningún momento es capaz de elegir su futuro. Los mejores de su generación fueron los que se movilizaron por la democracia: ellos sí pudieron elegir su destino.

-En esta novela le da la vuelta a la historia oficial. Según usted, los antifranquistas no fueron tantos durante la dictadura y, en cambio, los nostálgicos del régimen aún eran  demasiados durante la Transición, y aún después.

-La clase media estuvo siempre del lado del poder: durante el franquismo fue firmemente franquista y después de la muerte de Franco se apresuró a convertirse a la democracia. Pero estoy completamente de acuerdo en que la nostalgia del franquismo duró bastante. De hecho, aún no se ha extinguido del todo: ahí está el famoso caso del Diccionario Biográfico de la Real Academia de Historia.

-A veces parece como si nuestro tiempo presente se cimentara sobre sucesivos estratos de mentiras…

-Más que de mentiras, de ocultamientos. Por ejemplo, de los archivos de la Brigada Político-Social de Barcelona desapareció oportuna y misteriosamente la documentación referida a ciertos prohombres del franquismo que no mucho tiempo después fueron homenajeados como demócratas sin tacha.

-En su libro entran y salen algunas celebridades del mundo de la cultura como Jaime Gil de Biedma o Carlos Barral, ¿los llegó a conocer?

-A Jaime Gil de Biedma lo vi varias veces al salir de su trabajo en Tabacos de Filipinas, pero no llegué a hablar con él nunca. A Carlos Barral lo traté un poco en L'Espineta, el bar que tenía en Calafell. Cuando yo todavía no había publicado ningún libro, solía sentarme en una mesa cercana a la suya y escuchar las conversaciones que mantenía con sus amigos escritores. Una vez los oí discutir a él y a Juan Marsé sobre la distancia que podía alcanzar la meada de un tigre. Años después, Marsé me confirmó que muchas de las conversaciones de los dos, generosamente regadas con alcohol, eran así de surrealistas.

-El día de mañana presenta una España ignorante y herida, ¿cómo la ve ahora?

-Las heridas de ahora son diferentes. El nuevorriquismo de hace unos años y la crisis económica actual forman una muy mala combinación. Personalmente, me preocupa enormemente que el discurso xenófobo encuentre cada vez mejor acogida en las campañas y programas electorales.

-¿Diría que cada sociedad tiene la clase política que se merece?

-Espero que no sea así. Los españoles de hoy nos merecemos a unos políticos mucho mejores que los que tenemos.

-¿Y qué opinión le merecen iniciativas inesperadas como la del Movimiento 15-M? ¿Se conseguirá una sociedad más democrática con propuestas semejantes?

-Los veinteañeros de ahora tienen motivos para estar cabreados: la España con la que se han encontrado es bastante peor que la España de la generación de sus padres y, encima, tienen que aguantar que se les insulte llamándoles eso de Generación ni-ni [ni estudia ni trabaja]. La cuestión es cómo canalizar toda esta energía en algo más consistente que la simple ocupación de unas plazas. ¿Llegará a provocar esto algún tipo de reflexión en la clase política que conduzca a la regeneración de nuestra democracia? Ojalá sea así.

-Albert Camus decía que era pesimista en cuanto a la condición humana, pero optimista respecto al hombre, ¿y usted?

-Creo que esa frase podríamos suscribirla todos.

-A pesar del título de su novela, no se le ve muy confiado en lo que pueda deparar el día de mañana, ¿me equivoco?

-Me temo que esa desconfianza está muy generalizada en la sociedad actual.

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