María Andrés, directora de la oficina del Parlamento Europeo en España

"El antídoto contra los nacionalismos egoístas es más Europa"

"El antídoto contra los nacionalismos egoístas es más Europa" "El antídoto contra los nacionalismos egoístas es más Europa"

"El antídoto contra los nacionalismos egoístas es más Europa" / josé ramón ladra

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-¿A qué se dedica la directora de la oficina del Parlamento Europeo en España?

-A acercar lo que se hace en el Parlamento Europeo al ciudadano español y conectar sus preocupaciones con las dudas o preguntas de los eurodiputados.

Teníamos miedo de un efecto contagio tras el 'Brexit' y está siendo una vacuna para otros países"

-¿Es complicado?

-La oficina de Madrid es, relativamente, una plaza fácil de torear porque los españoles son optimistas con su pertenencia a la UE. El compañero en Reino Unido lo tendrá mas complicado.

-¿Ha sido así siempre?

-Nuestra entrada en la UE fue muy entusiasta. Hasta la llegada de la crisis hubo una tendencia muy positiva.

-En los años más duros daba la sensación de que en Bruselas estaban los malos de la película.

-Yo reparto un poco las culpas. Algo tenía Europa que decir si nos prestaba más apoyo o dinero. El problema es que los políticos regionales y nacionales han jugado un doble juego durante demasiado tiempo. Cuando algo es positivo, aunque esté financiado por la UE, el beneficio es para mí. Soy yo el que corta la cinta. Cuando algo es negativo, me lo imponen desde Europa. Y muchas veces no es cierto, porque Europa te puede decir que rebajes el déficit y luego eres tú, político nacional, quien decide qué recetas aplicar.

-Pese a eso, en España se mantiene alto el nivel de apoyo a la UE. En otros países no ha pasado lo mismo.

-Es por una mezcla de cosas, además de la crisis económica. La crisis de los refugiados fue una bofetada a cómo se gestionan las cosas desde Bruselas, aunque no era la UE quien tenía capacidad legislativa, sino los 28. Además, la desafección ciudadana ha dado lugar a los llamados movimientos populistas, que asustan un poco cuando se los mira con detenimiento. Supieron capitalizar el miedo a la crisis y a la sensación de tener vecinos con los que no te reconoces.

-Parece que Europa está continuamente jugando la final de un campeonato que siempre acaba ganando.

-Yo no sé si gana, pero siempre hay prórroga. En 2016 volvimos a lograr esa prórroga. Fue un año muy negativo para la UE, con elecciones importantes en Francia y los Países Bajos. Había mucho miedo por el devenir de esos movimientos populistas, pero los políticos han entendido que nos estamos jugando mucho y han colocado a Europa en el centro de su discurso. Tenemos a gente como Macron. Lo peor de la crisis de confianza hacia el proyecto europeo ha pasado.

-¿Qué hay del Brexit?

-El miedo que tuvimos con la salida del Reino Unido era un efecto contagio, pero creo que está siendo una vacuna para que otros países miembros vean que no es fácil salir de la UE y que fuera hace más frío que dentro. Está siendo el pegamento para que el resto de gobiernos permanezcan muy unidos en las negociaciones del Brexit.

-Hay un debate que apuesta por la creación de una UE a dos velocidades.

-Cuando las cosas se veían muy negras, para no llegar al bloqueo total, se habló de esa posibilidad, pero cada vez oigo menos ese discurso. Estamos recuperando el de todos juntos para llegar a la misma meta. Tardaremos más, pero tenemos que llegar todos.

-¿Es optimista de cara a las elecciones al Parlamento Europeo de 2019?

-Optimista bien informada. Miro el futuro con mucho más optimismo que el año pasado. Me preocupan mucho los jóvenes, la gente que ha nacido sintiéndose europea, que no ha luchado para conseguir moverse sin barreras o el euro.

-¿Qué se puede hacer?

-Falta una asignatura que divulgue los valores europeos, no ya la historia. Es la necesidad de entender que somos como somos gracias a que pertenecemos a este club. El programa Erasmus es uno de los que más ha beneficiado al proyecto europeo y la movilidad dentro de España ayudaría muchísimo a recuperar la sensación de que hay algo más que mi pequeña tribu.

-La europeas tienen el peor dato de participación de todo el ciclo electoral.

-El 82% de los españoles opinan que pertenecer a Europa es positivo, pero en las elecciones de 2014 sólo votó el 43%. Es una cifra raquítica. Hay mucha gente que no acaba de entender por qué necesita movilizarse. ¿Para qué sirve mi voto? Resulta que según usted vote decidirá como serán las leyes. Y el 80% de las leyes nacionales son transposición de directivas que se votan en Bruselas. Desde 2014, además de la composición del Parlamento, se decide quién será el presidente de la Comisión Europea. Creo que es un factor clave para atraer el voto.

-¿La gente es consciente de la influencia que tiene la UE en sus vidas?

-Para nada. Las instituciones están lejos, el sistema legislativo tampoco ayuda porque es muy complejo. Y hay otro problema añadido, que es la clave. Europa era un proyecto de paz, solidaridad y un antídoto contra las guerras mundiales. Esa narrativa se está agotando porque han pasado muchas décadas y la memoria de la ciudadanía es muy corta y hay otros temas que preocupan mucho más. Necesitamos una nueva narrativa que haga entender por qué es importante Europa. Cuando a los ciudadanos se les hacen preguntas sobre políticas concretas en los Eurobarómetros, siempre optan por más Europa.

-En un momento de auge de los nacionalismos, la solución es más Europa.

-Más Europa como antídoto a los nacionalismos egoístas. Es muy fácil dar soluciones nacionales y cerrarse de puertas hacia fuera.

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