Rafael Santandreu. Psicólogo

"Actores y deportistas de élite son los que más pasan por la consulta"

  • Stephen Hawking y Christopher Reeve son dos de los héroes de 'El arte de no amargarse la vida', segundo libro del autor, que con once ediciones es el libro de no ficción más vendido en los últimos seis meses.

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-Un personaje de una novela de Jordi Cabré dice que "la felicidad no es creativa".

-Es una gran tontería. El creativo tiene que saber encontrar las flores en la basura. Una amiga mía, Tina Pereira, coordina a los voluntarios del hospital infantil Sant Joan de Deu. 300 voluntarios que atienden a niños con cáncer, a niños amputados. Y a los familiares. Encuentran en la desdicha cosas maravillosas.

-En su libro dice que la gente quiere vivir cien años y rehúye la soledad...

-El problema es querer vivir cien años. No cabríamos en el planeta. No habría recursos suficientes. Pero la soledad es muy buena. Para trabajar se necesita estar solo. No me refiero a una isla desierta.

-¿Es preocupante que Rajoy no se preocupe por la situación?

-Eso está bien. Otra cosa es que comparta sus medidas. Pero si se preocupara no podría hacer nada, se bloquearía.

-Desdramatiza la pérdida del trabajo. ¿Su libro es ideal para los cinco millones de parados?

-Puede que sí. Me refiero a los parados que se deprimen. Al mensaje de películas como Los lunes al sol, unos neuróticos que se pasan la tarde en el bar lamentándose de su situación. ¡Qué estupidez!

-Aconseja desear moderadamente. Eso no es revolucionario.

-Es que las revoluciones están sobrevaloradas.

-Propone las alternativas artística y espiritual. ¿Un nuevo Siglo de Oro?

-La gente del Paleolítico ya tenían religión, ya tenían arte.

-Una estadística decía que la de cura es la profesión más feliz...

-No soy católico, pero me atrae la espiritualidad. En cuanto le quiten todo lo que hay de superstición, que Cristo no resucita, que Dios no tiene barbas, que no existen los ángeles y los santos.

-¿Las necesidades inmateriales pesan más que las materiales?

-Mucho más. Me parece más lógico desear un Ferrari que una vida emocionante. El Ferrari lo puedes vender. La vida emocionante es una idea, sólo es aire. Una de las necesidades inmateriales más estúpidas es la salud. Si es lo primero que vamos a perder.

-¿Su género es el de Punset?

-Punset vende porque a la gente le cae bien, porque ejemplifica el sabio bueno anciano. Es anciano y bueno, que sea sabio lo dudo.

-¿Todo está en la mente?

-Sí. Y los que menos se enteran son esos psicólogos que a la persona deprimida le dicen sal a la calle y distráete. Si la cuestión está en la mente, no en la calle.

-¿Las ideologías perturban las ideas?

-Sería bueno que la derecha y la izquierda dejaran de criticarse. Todos tienen razón. Hasta Hitler tenía razón en algunas cosas.

-El futbolista del Betis Rubén Castro se fue a abrazar a la psicóloga después de marcar un gol.

-Me gustaría conocerla.

-Usted le echa la culpa a las canciones de amor: "Sin ti no soy nada", "Yo sin ti moriré".

-A Shakespeare también le da por ahí con Romeo y Julieta. A todas mis parejas siempre les digo lo mismo: te quiero mucho, pero no te necesito nada.

-¿El Estado de bienestar genera malestar?

-El problema es que hemos endiosado la comodidad. Un sofá bien cómodo, una casa cómoda.

-¿De qué forma condiciona la crisis económica a la psicología?

-El problema es nuestra idea de que el progreso siempre es bueno. Yo no quiero ser más inteligente, más listo, más simpático, tener más amigos. ¡Basta! Y todas las disciplinas, la economía, el arte, iniciaron esa carrera desaforada del más mejor.

-¿Qué profesiones acuden a su consulta?

-Tengo muchos actores y deportistas de élite. Son dos profesiones muy neuróticas, dependen de la evaluación colectiva, del éxito. Y las profesiones que llevan birrete, toga o bata blanca. Todos los que pueden caer en la trampa de creerse mucho. En los juzgados se odia todo el mundo. Jueces, médicos, profesores.

-¿Hay razones del corazón que la razón no comprende?

-Sí, pero muy pocas: la sexualidad, el hambre, la agresividad.

-El arte de no amargarse la vida va por once ediciones. Ya quisieran muchos novelistas. ¿Le llaman para pedirle historias?

-No. Cada semana llega a mi consulta una historia increíble. El profesional de quitarle la tartamudez a los demás y que ha vuelto a tartamudear. O la chica hipercelosa, hay muchas más de lo que se cree, con las miradas a su novio de otras chicas. Me dice que parece entrenada por la CIA o el FBI, que entra en cualquier sitio y escanea en un momento a todas las chicas guapas. Un sinvivir.

-¿Trabaja la noción de pérdida: de la casa, del trabajo, de unas elecciones?

-Que las cosas acaben es bueno. Sería un rollo. Y muy aburrido.

-Con Cernuda: ¿el deseo transforma la realidad?

-Nunca. Viviríamos en un mundo de Disney, de plástico, hortera.

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