Rojo televisivo para una puesta en escena descafeinada

  • Las exigencias sobre el formato resta agilidad al 'cara a cara' · Representantes de PP y PSOE arroparon a las candidatas

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Un gran cartel electoral de varios metros con la imagen de Javier Arenas se levanta frente a la entrada del Hotel Nazaríes, donde ayer se celebró el primer cara a cara entre las candidatas al Congreso de PSOE y PP. Quizás ninguna de ellas lo advirtió. O quizás sí. Es fácil verlo y, según se mire, entenderlo como un augurio para alguien que se va a enfrentar a su adversario. Si Concha de Santa Ana lo vio y pudo en algún momento sentir cierta comodidad antes de la cita electoral, no consiguió mantenerla después ante las cámaras.

La balanza ayer se inclinó a favor de Cándida Martínez, pese a que la contienda parecía igualada al comenzar y ver a las dos candidatas entrar al sobrio plató con chaquetas rojas para ganar el pulso de la imagen; no por brillantez o porque convenciera más exhibiendo los logros del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, sino por 'las tablas' que demostró frente a las cámaras.

Las miró más de frente y con soltura, cuando a su oponente era más fácil captarla leyendo un discurso, contundente, pero en el que abusó hasta la saciedad de la hemeroteca. Tanto que volvió en su contra el efecto de esgrimir titulares impactantes fotocopiados de los diarios escritos granadinos.

Consiguió Cándida Martínez ese efecto hablando directamente de lo que cuesta la cesta de la compra en el Mercado de San Agustín, bajando a pie de calle, pero no logró sentenciar el debate, porque falló al defender las políticas sociales, la joya de la corona de los socialistas en esta legislatura, y no pudo tampoco superar, pese a los datos contundentes que esgrimía, el bloque de seguridad ciudadana.

En el debate de ayer, si puede llamarse así a un encuentro cronometrado sin espacio para la réplica improvisada más allá del guión establecido por los partidos, faltó agilidad y se echó de menos el verdadero 'cara a cara', una oportunidad, como ocurrió hace cuatro años entre Javier Torres Vela y Pilar del Castillo, para confrontar ideas y proyectos. Pero éste era otro escenario político y otras protagonistas.

También otro moderador, el periodista de RNE Julio García, que dado el formato elegido por PSOE y PP, tuvo poco margen para desempeñar su papel, salvo para cronometrar unas intervenciones seguidas en primera fila por representantes de ambos partidos. Sus gestos reflejaron el resultado.

Una coincidencia inicial: el atuendo

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