"Si no se reduce el control político, habría que pensar en privatizar las cajas"

  • Firme defensor de un nuevo modelo de empresa enfocado hacia la transparencia y la responsabilidad social, reconoce que los mercados atraviesan una situación de "ajuste" y apuesta por recortar los tipos

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El currículum justifica por qué sus diagnósticos son diseccionados con especial atención por empresarios y financieros. En una ocasión reconoció que no necesita más de tres horas diarias de sueño. Quizás así arañe tiempo para cimentar en España el concepto de responsabilidad social corporativa, esbozar análisis de los mercados de capitales (fue presidente del Instituto Español de Analistas Financieros) y dejar oír su voz en los consejos de compañías como Ericsson, AC Hoteles, Pascual o Société Générale.

-Hablar de crisis económica puede resultar aventurado, pero todos los indicadores apuntan hacia un cuadro de desaceleración económica. ¿Es un escenario pasajero o lo peor está aún por llegar?

-Estamos ante un ajuste importante, con un componente financiero y bancario notable, y con un origen detectado. Por lo tanto, como en Medicina, detectado el origen y hecho el diagnóstico, se pueden aplicar las terapias oportunas. Y ya se está en ello, como muestran la inyección de liquidez a los mercados o los recortes de los tipos de interés en EEUU. Pese a todo, no estamos ante un escenario de recesión internacional. Además, la economía española tiene un cuadro macroeconómico sólido, con tasas de crecimiento más elevadas que las de nuestros colegas europeos y un superávit que no tiene ninguno. En contra tenemos un sector inmobiliario bastante tocado y que tardará un tiempo en recuperarse.

-¿No ha sido muy arriesgado confiar buena parte del crecimiento al avance del sector inmobiliario?

-España es un país receptor de turismo estructural, que no sólo viene a visitar, sino también a residir, para retirarse, a jubilarse, que compra una segunda vivienda. Y eso es un factor diferencial enorme. Era difícil sustraerse a eso, a una economía muy polarizada en el sector inmobiliario y de la construcción. Sin embargo, no sólo se construyen casas, sin también puentes, infraestructuras… Ese elemento dinamizador ha sido muy fuerte y puede compensar el parón en la construcción de vivienda.

-Trasladada al bolsillo del consumidor, la desaceleración ha coincidido con la escalada de los tipos hipotecarios. ¿No da la sensación de que en este país se han concedido créditos con demasiada alegría?

-Como en toda época de bonanza, puede haber cierto relajamiento. Es verdad que se han dado hipotecas prácticamente a cualquier extracto de la población, sin discriminar cuestiones como la interinidad o estacionalidad en el puesto de trabajo. Y al final, cuando viene la crisis, esa gente pierde el empleo… Pero las herramientas de análisis del riesgo son muy serias. El control del Banco de España es muy efectivo.

-Pero con el modelo reciente en duda, las entidades financieras tendrán que agudizar el ingenio...

-El ajuste obligará a que las entidades financieras reformulen su idea de negocio, sobre todo hacia una banca más tradicional, convencional, de regreso a los orígenes. Lo que hay en circulación en activos financieros equivale a 17 veces la economía real, lo que es una bestialidad. Lo que me preocupa es la contracción del crédito y su impacto sobre las empresas.

-En las últimas semanas se han derrumbado en Sevilla dos empresas que ofrecían intereses desorbitados. ¿Se han relajado los controles o han cometido los inversores un pecado de voracidad?

-No creo que la regulación tenga que ser restrictiva, porque coarta la libertad económica. Lo que hay que ser es responsables y mayores de edad financieramente hablando. No podemos dejarnos llevar por la codicia, que es una muy mala consejera. Al final, alguien que acepta un 20 [por ciento de interés] cuando el mercado te da un máximo de 5 es que le mueve la codicia, te ciega, porque eso no puede ser muy normal. Puede funcionar mientras todo está en boom y en expansión, pero uno se tiene que poner en una situación de crisis. El riesgo de arriesgar tanto es que te puedes dar el batacazo. Y entonces llega el tío Paco con las rebajas.

-El BCE duda entre recortar los tipos para estimular la economía de la Eurozona o mantenerlos para frenar el descontrol de la inflación. ¿Hay alguna fórmula intermedia?

-Ese es el dilema del BCE. Hay una depresión de la inversión, del consumo... Yo ahora bajaría los tipos con mucha tranquilidad. El BCE ha tratado de desvincular su decisión del momento álgido de la crisis para que no parezca que sucumbe a las presiones de los que lo hacen mal, para mantenerse firme en el rigor y la ortodoxia de sus decisiones. Hay que respetarlo, pero no puede perderse de vista la coyuntura. Es un momento oportuno para bajar los tipos, y no tardará mucho en producirse.

-Se ha ganado parte de su reconocimiento como el gran impulsor de las normas de transparencia y de buen gobierno. ¿Fue complicado reciclar a los empresarios hacia ese cambio de mentalidad?

-El proceso de buen gobierno y de transparencia que se ha vivido en los últimos diez años me recuerda al de ahora con la responsabilidad social de la empresa. Había resistencia, todo el mundo pensaba que era una moda pasajera, una injerencia… Y hoy no hay ninguna empresa relevante que no vea en ello un factor de competitividad, que no lo exhiba. Los inversores valorarán cada vez más a las empresas por su buen gobierno, entre otras cosas porque tienen menos sobresaltos.

-Pero mal explicado, defender el medio ambiente o la acción social puede ser interpretado como una mera operación de maquillaje.

-Sí. De hecho, fue una reflexión hasta hace un año, cuando las empresas veían este proceso como una herramienta de marketing, como algo en lo que tenían que estar sin estar muy convencidos, que hablaran bien de ti por marketing y cosmética. Eso se ha superado y hoy es muy raro el gran capitán de empresa que no lo incluye en su política.

-En más de una ocasión ha defendido en voz alta la privatización de las cajas de ahorros.

-Si no se reforma el gobierno corporativo de las cajas, y con eso me refiero al control político, habría que volver a pensar en privatizarlas. Si se reforma, no. Esto significa restar peso a la política y dárselo a los ejecutivos, a los independientes, a los que puedan representar a los impositores pero también al conjunto de la sociedad, con una visión más de negocio y menos política. Eso es lo que yo defiendo, y espero que después de las elecciones se aborde.

-Es un gran defensor de la ética. ¿Le molesta el mercadeo de promesas electorales vinculadas a la economía?

-Uno a veces piensa ¿por qué no habrá elecciones cada año? No me gusta, es un instrumento de marketing, pero hay gente a la que los 400 euros les impacta, y eso hay que respetarlo. El problema es que los incumplimientos degradan la imagen del político, y ése es un ejercicio nada sano.

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