Sando cumple 70 años

  • Homenaje al empresario José Luis Sánchez Domínguez

José Luis Sánchez Domínguez, uno de los más notables empresarios andaluces, acaba de cumplir 70 años. Nació, cuatro días antes que el Rey Don Juan Carlos, en el barrio de La Isla de Málaga, el 1 de enero de 1938, con lo que cuenta su vida por ejercicios completos. Es el presidente de Sando, una compañía fundada por él desde cero, que facturó más de 1.000 millones de euros en 2007, y es ya una empresa multinacional, que opera en España y Polonia, y este año en Rumanía y Hungría.

Sando agrupa a varias decenas de sociedades propias y participadas, en los sectores de la construcción, inmobiliario, servicios medioambientales, materiales de construcción y concesiones de recogida de basuras, autopistas, aparcamientos o mantenimiento de jardines. Da empleo directo a unos 2.500 trabajadores.

A pesar de su apariencia tranquila, Sánchez Domínguez es inquieto. Y curioso. Cuando fue por primera vez a Nueva York, hace 20 años, no podía dejar de mirar los grandes rascacielos. Le dolía el cuello, de tanto doblarlo hacia arriba, pero no podía evitar la atracción y la envidia que le producían los mastodontes que sus colegas neoyorquinos habían levantado. Y eso que él ha construido puentes, autopistas, ferrocarriles de alta velocidad y túneles que pueden generar admiración similar.

Su padre fue uno de los últimos toneleros que emplearon los ferrocarriles y su madre, ama de casa. No le gustaba estudiar y con 14 años dejó el colegio y se marchó a Lucena (Córdoba) con un hermano de su padre que abastecía de fruta los mercados de los pueblos de la comarca.

Desde los 16 años, el joven Sando bajaba a Málaga, a los pueblos del Guadalhorce y la Axarquía, para cargar en un camión alquilado frutas o verduras, que iba comprando de Vélez a Coín. En esos viajes y tratos fraguó su vocación empresarial. Su debut periodístico no fue en las páginas de economía, sino en las de sucesos: una madrugada, el camión de fruta perdió los frenos bajando hacia Antequera, dio varias vueltas y acabó con las ruedas boca arriba. Su padre le alertó de una oportunidad de negocio propio: el reparto de oxígeno de una fábrica malagueña para hospitales, talleres y obras. Compró un motocarro de segunda mano; después, camiones usados y, finalmente, un flamante Pegaso Comet, nuevo a estrenar, con volquete. Era el inicio de los 60, con el auge de la construcción. Primero suministró oxígeno a obras de grandes hoteles de la costa. Se dio cuenta de que faltaban máquinas de todo tipo y las compró para alquilarlas. Sirvió materiales diversos y acabó de constructor.

Siempre le ha faltado tiempo para dedicarlo al negocio: Tanto que se casó con su esposa Paqui un 24 de diciembre, en el 67, y así aprovechar el puente para celebrarlo. Ejerció su actividad como persona física hasta 1974, cuando se constituyó la empresa Sando. Para entonces ya había hecho un Pryca en la entrada de Málaga por Torremolinos. Le gusta pisar terreno sólido: cuando a finales de los 70 se inicia en el inmobiliario, hace primero seis viviendas, después 18 y a continuación 36. Su primogénito, Luis, ya es consejero delegado de Sando y está al frente de los negocios. Sus hijas Esther y Rosana también ocupan puestos de directivos en Sando. Su hijo Juan Ángel tiene su propia empresa. Seis nietos componen la joven tercera generación.

Sánchez Domínguez es un lector apasionado de libros sobre la Málaga de la República, la guerra civil y la posguerra. Tiempos duros e historias cercanas, porque le recuerdan que su padre fue detenido por los nacionales cuando tomaron la ciudad, aunque lo soltaron tras seis meses de angustia familiar. Entre sus libros favoritos está uno sobre la vida del empresario sevillano Javier Benjumea, fundador de Abengoa. Él no tiene libro aún, pero sí una historia de éxito que empezó hace casi medio siglo en el motocarro MA 23328. Una pieza que merecería estar en un museo de la empresa andaluza.

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