El triunfo de la voluntad

  • Rafa Nadal, de Flushing Meadows al Coso de los Califas en 17 horas frenéticas.

Aterrizar en Córdoba, con algunos termómetros marcando temperaturas de 45 grados, después de volar casi seis mil kilómetros y tras haber perdido una final no debe ser un episodio agradable. Y, además, un martes y 13. Se desconoce si Rafa Nadal se deja llevar por las supersticiones más allá de algunos de sus conocidos rituales como ajustarse el pantalón entre punto y punto, darse unos golpes con la raqueta en las zapatillas o limpiar las líneas si juega sobre tierra batida. Si se puede decir, porque ha vuelto a demostrarlo, que su grado de compromiso con España ante las citas realmente relevantes es máximo. "Si no fuera porque represento a mi país no haría el esfuerzo", declaró el manacorí poco después de ceder a Djokovic su corona como campeón del US Open en una confrontación memorable.

"Ha sido uno de los mejores partidos que he visto jamás", confesó ayer el argentino David Nalbandian, quien aguarda en Belgrado junto a sus compatriotas la llegada del número uno serbio para encarar la otra semifinal de la Copa Davis. Nole aún no aterrizó en su país, donde se le venera hasta límites increíbles. En las últimas horas se ha especulado con el deterioro de su estado físico y su disponibilidad para encarar la primera jornada del torneo. "Se puede incluir su nombre en el sorteo y en el último momento quitarlo", comentaron fuentes serbias a la agencia Dpa. Ya el año pasado, tras disputar el lunes la final del US Open, no jugó el primer individual y fue reemplazado por Viktor Troiki.

Mientras los serbios rezan por poder contar con su estandarte, en Córdoba ya pueden ver a Nadal. De la Gran Manzana a Ciudad Jardín en una operación relámpago, con trazas de ciencia ficción. Un vuelo privado en un Embraer Legacy 600, fletado por la Federación Española de Tenis, obró el milagro. Muchos de quienes le vieron por televisión en la madrugada del martes en uno de los templos mundiales del tenis se encontraron con él, poco más allá de las tres y media de la tarde, en las puertas del hotel AC Córdoba Palacio. Y sólo un poco después, entrenando en el Coso de los Califas. El viernes, a jugar. Increíble. "He perdido seis finales, pero he estado ahí", sentenció Nadal en Nueva York. Un balance notable, pero insuficiente para calmar la voracidad de un ganador nato. La Davis le concede la posibilidad de dar un buen bocado.

"Todos queríamos que Rafa ganara la final. Si la hubiese ganado hubiera vuelto exactamente a la misma hora, no hubiera hecho la foto habitual de Times Square que veréis de Djokovic, no hubiese estado en distintas terrazas haciendo promociones... porque entendían que era importante para todos que Rafa estuviera aquí. Para todos va a ser bueno que desde el viernes disfrutemos del juego de Rafa Nadal, que hoy ya esté aquí, que se aclimate y que esté en las mejores condiciones", relató ayer rodeado de grabadoras un exultante José Antonio Nieto. El alcalde cordobés compartió la experiencia de ese desplazamiento intercontinental con José Luis Escañuela, presidente de la RFET, con quien dijo haber realizado gestiones para acelerar el retorno del balear. "Él (Escañuela) entendía que si no se hacía una cierta presión por las personas que cuidan a Rafa, que van a intentar que no haga locuras, y por las personas que velan por el US Open, que quieren que se atiendan los compromisos publicitarios y promocionales, podía haber problemas. Era necesario hacer un esfuerzo", contó el primer edil. Seguro que lo hicieron. Pero que el que realmente lo hace es Nadal. 

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