La plantilla del Cai no se deja llevar por la euforia

  • Quinteros, jugador del conjunto maño, cree que Los Barrios será un rival "dificilísimo"

A pesar del gran momento que atraviesa el Cai Zaragoza, líder en solitario de la LEB Oro después de siete triunfos consecutivos, los jugadores del próximo rival del Villa de Los Barrios pide calma en estos momentos en los que comienza a desatarse la euforia entre los aficionados maños. La plantilla pide respeto para el rival y tienen los pies en el suelo, ya que señalan que aún queda mucha temporada por delante.

Uno de los jugadores más importantes del equipo esta temporada, el argentino Paolo Quinteros, asegura que: "Falta mucho todavía. Los Barrios va a ser un rival dificilísimo y además vienen de ganar de visitante, por ello anímicamente van a estar bien. Ahora van a su casa y es una oportunidad de seguir felices y contentos con una victoria. Tendremos mucho cuidado y debemos estar muy concentrados durante los cuarenta minutos si queremos ganar".

Uno de los aspectos que más preocupa en Zaragoza de cara al partido del viernes son las dimensiones del pabellón barreño, mucho más pequeño que el Príncipe Felipe, donde juegan los maños. Para el jugador argentino eso no es un problema y afirma que: "Para mí todas las canchas son iguales. Pueden ser pabellones más grandes o más pequeños pero la pista y los aros tienen la misma medida, así que solamente hay que hacer el trabajo lo mejor que uno sabe".

"Todos van a ser rivales, el primero y el último. Todos lo son y por eso van a ser todo finales. Por nombre puede que algunos estarán arriba pero todos van a ser nuestros rivales porque todos van a querer ganar al Cai Zaragoza", explica Quinteros.

La plantilla no quiere confianzas a pesar del gran momento por el que atraviesa el equipo, que espera que este año pueda llegar el ansiado retorno a la ACB, un objetivo que persigue desde hace varias temporadas y que se le resiste. Los jugadores confían en prolongar su buena racha en el Samuel Aguilar, aunque el triunfo del Villa en San Sebastián ha servido para poner en guardia a los zaragozanos.

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