Olmedo busca el pedigrí perdido por España

  • El sevillano luchará por el podio en la final de 1.500, en la que ningún español logra medalla desde 1999

Manuel Olmedo, sevillano de 28 años, ex corredor de 800, es la última bala, la última esperanza española de medalla en los Mundiales de Daegu aun cuando en la final del 1.500 (13:15) se presente sin la experiencia suficiente para manejarse en las sutilezas tácticas del mediofondo ante los más grandes del mundo.

Después del corredor hispalense todavía competirán, en la sesión matutina de la jornada de clausura, los maratonistas Chema Martínez, Pablo Villalobos y José Ignacio Díaz, y por la tarde Jesús España en la final de 5.000, pero ninguno de ellos tiene posibilidades reales de acercarse al podio.

El atletismo español, que en los Mundiales de Berlín 2009, por primera vez en la historia de los campeonatos no tuvo representación en la final de 1.500, ha encontrado un nuevo finalista en Olmedo, un peso ligero de tobillo fino que trabaja en Soria a las órdenes de Enrique Pascual, el técnico de los ya legendarios Fermín Cacho y Abel Antón. "No voy a decir que la final quiero disfrutarla, porque soy un profesional y he venido a ganarla, pero hay que ser consciente de que está muy complicado", afirmó el atleta, que llegó a Daegu con un mejor tiempo de 3.34,44. "A mí me gustaría que fuera cuanto más lenta mejor para aprovechar mi final. Por encima de 3.36 estaría bien. A 3.32 o, 3.33 creo que puedo estar, pero con un gancho".

Con el título europeo en pista cubierta en el bolsillo, el sevillano está viviendo una temporada brillante en la que se ha consolidado como número uno español aprovechando la baja por lesión del campeón de Europa al aire libre, Arturo Casado.

"Lleva buscando esta final desde el primer día que llegó a Corea, reservando energías, siempre reservando, de ahí que en semifinales fuera recogiendo cadáveres. ¿La final? Dependerá de cómo salga. Tiene que guardar para el último 400, porque si está ahí con los demás, puede ganarlos a todos", explicó su técnico Enrique Pascual. "Hacerlo bien", advirtió, "es estar peleando por las medallas. Luego puede ser sexto, pero hay que estar ahí en la lucha", añadió el preparador.

Las semifinales se cobraron ya piezas importantes, como el propio defensor del título, el bahrainí Yusuf Saad Kamel; el subcampeón mundial, el etíope Deresse Mekonnen; el señalado como gran favorito, el marroquí Amine Laalou, y el keniano Daniel Komen. De esta forma, la lucha por el podio se presenta, por tanto muy abierta, y su desenlace dependerá mucho de cómo la afronten los africanos, si se deciden a endurecerla para dejar sin piernas a los rematadores como Olmedo, o si prefieren ceder la responsabilidad a otros para sentenciar en el último 500.

Silas Kiplagat, de 22 años, autor de los dos mejores registros mundiales del año (3.30,47 y 3.31,39) concentra las mayores esperanzas de Kenia de conseguir su primer oro mundial en esta distancia, pero la gran potencia africana cuenta, además, con el campeón olímpico Asbel Kiprop, que demostró en Mónaco una gran punta de velocidad al ganar los 800 en 1.43,15. El francés Mehdi Baala, que debe su presencia en la final a la generosidad de los jueces, que lo recalificaron después de haberse caído sin que nadie tuviera la culpa en la primera ronda, será uno de los favoritos, no sólo por su récord personal (3.28,98), sino por su poderosa última vuelta.

Olmedo no sólo busca la segunda medalla de España, sino honrar la larga tradición española en la distancia: una plata para José Luis González en el 87, dos para Fermín Cacho en el 93 y el 97 y dos bronces más para Reyes Estévez en el 97 y el 99, en Sevilla, cuando Olmedo ni siquiera había nacido. La marcha ha dado más medallas a las arcas españolas, pero las páginas más brillantes del atletismo patrio se han escrito sobre un kilómetro y medio.

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