fútbol · ix ciclo de conferencias de la uned y la fundación cepsa

Del Bosque sigue siendo un campeón

  • El entrenador que llevó a la Roja a sus mayores éxitos conquista al público que abarrota el salón de actos de la UNED en Algeciras. Da una charla cercana y sencilla sobre fútbol y valores, cargada de anécdotas.

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Vicente del Bosque tiene un magnetismo especial. El salmantino reunió ayer a niños, adultos, mayores, hombres, mujeres... personas de todas las clases que se acercaron al salón de actos de la UNED en Algeciras para escuchar al entrenador hablar y reflexionar sobre el fútbol, el deporte, la importancia de los valores y su repercusión en la vida. Cercano y sereno, Del Bosque contagió de normalidad una ponencia en la que no faltaron anécdotas y recuerdos de sus muchas vivencias en el Real Madrid y en la selección española de fútbol.

El técnico que llevó a España al título mundial (2010) y de Europa (2012), que dejó el cargo tras la Eurocopa de Francia, dio lustre ayer por la tarde al IX ciclo de conferencias de "La UNED y la palabra", una cita patrocinada por la Fundación Cepsa y que resultó un éxito de asistencia. Más de trescientas personas abarrotaron el coqueto salón de actos del centro comarcal de la Universidad a Distancia.

El salmantino firma autógrafos y se toma fotos con la gente que le brinda su cariño

Del Bosque se dejó ver en la calle casi una hora antes de la ponencia. Saludando y firmando autógrafos. Una vez el público fue ubicado hasta completar el aforo, con gente de pie al fondo y en los laterales, el exseleccionador entró acompañado por el alcalde de la ciudad, José Ignacio Landaluce, quien siguió la charla como uno más, de pie junto a una columna. El exfutbolista sanroqueño Adolfo Aldana, que también tuvo sus años de gloria en la casa blanca, fue reconocido por Del Bosque desde la tarima. El salmantino regaló palabras de elogio para el sanroqueño. "Era mi ídolo", dijo al reconocerlo. "No he visto a muchos jugadores que tengan la habilidad que Aldana tenía con el balón en los pies".

Presentado con un cariñoso protocolo por Salvador Puerto, de la Diputación Cádiz, y por José Iborra, subdirector del centro, Vicente del Bosque comenzó una ponencia muy natural. "No quiero aburriros con estrategias y muchos menos a los chiquillos que han venido. Me conformo con haceros llegar la importancia de la educación en el fútbol y en el deporte, de inculcar valores que se van a reflejar en la vida, en nuestra sociedad y nos van a marcar como persona para siempre", manifestó.

"Agradezco la invitación y tanta asistencia, sobre todo a los que están de pie", comenzó, siempre atento. "Yo fui un jugador del montón pero siempre estuve bien rodeado, como futbolista y después también como entrenador", dijo humilde. "Quiero hablaros de lo mucho que suponen las relaciones humanas en un vestuario. Antes se decía caseta, los tiempos cambian y las palabras también, pero la esencia sigue siendo la misma", precisó.

"Mi vida apenas ha cambiado desde que dejé la selección. Quizás lo note en que antes vivía más semana a semana, de miércoles a domingo, pero ahora sigue viendo casi todos los partidos. Me gustan hasta los partidos malos aunque a veces los vea con un crucigrama", bromeó.

"He estado ocho años con España, he disfrutado muchísimo. Ocho años con 114 partidos, que curiosamente son los años que tiene el Real Madrid, mi casa durante media vida", afirmó. "He tratado de enseñar los valores que me enseñaron y cultuvé, transmitirlos. Ha sido una etapa de fortaleza emocional porque había que saber relativizar los éxitos y los fracasos".

"Soy seco pero porque soy de Salamanca, pero no significa que no tenga humor o ironía", continuó entre risas del público. Del Bosque reveló que se hizo entrenador "por vocación" y "porque tuve entrenadores que me influenciaron muchísimo", además de "porque me tenía que seguir ganando la vida". La figura del legendario Luis Molowny salió varias veces de la boca de Del Bosque como ejemplo íntegro o como protagonista de alguna anécdota. "Luis era una persona muy austera, en los viajes no se comía ni un bocadillo por no hacer gasto y elegía los hoteles más baratos hasta que le llamaron la atención. Él decía que era por ahorrar".

"Un entrenador debe guiar a un grupo de jugadores distintos, hacerlos rendir e influir positivamente en ellos, sobre todo eso, influir de manera positiva. Yo he disfrutado emocionando a mis jugadores", confesó. "Pero también es necesaria una disciplina, unas normas de convivencia y tener complicidad para que funcione porque cada día tienes que lidiar con pequeños problemas. Es una como una familia", agregó. "Sin caer en el tópico de ser dulce, creo que un entrenador no debe ser una mala persona, no comparto esa opinión", sentenció con firmeza.

El salmantino evocó al añorado Luis Aragonés. "Él rescató el término de la Roja para crear ese sentimiento de unidad".

Del Bosque entiende que un técnico "a veces tiene que ceder" y "que parezca que los jugadores mandan aunque al final hagan lo que tú quieres". "Un amigo jesuita me decía que los españoles no sabemos escuchar y es verdad. Nos creemos que tenemos la verdad absoluta, necesitamos escuchar más a los demás, otras voces", recalcó.

"El fútbol necesita de la discrepancia. Yo he discutido con Toni Grande (su ayudante) infinidad de veces. Recuerdo una eliminatoria de Champions en Dortmund en la que me dijo que metiese a Portillo en el minuto 91. Yo no quería perder ese tiempo pero le hice caso, salió y marcó el gol que nos clasificó", relató.

Sobre su paso por la selección defiende una labor basada en la honestidad. "No quisimos borrar la huella del pasado, al contrario la potenciamos. Tratamos de llevar a los mejores, de renovar la sangre, de hacer un bloque siempre desde un plan de trabajo. Al final el fútbol es como cualquier trabajo de la vida, necesitas un plan y es importante tener un sentimiento de pertenencia con tu empresa".

El laureado entrenador defiende "la simplicidad" y lamenta "la intoxicación" como uno de los principales males de los medios de comunicación.

Del Bosque tuvo un guiño "con los padres" de los deportistas. "Son esenciales para que los niños puedan practicar cualquier deporte. Puede que haya algún caso aislado, pero eso no empaña la labor del resto".

"Para los chavales antes de terminar quiero decirles algo importante", subrayó. "Hay que saber ganar pero también hay que saber perder. El que no sabe perder no sabe ganar... y eso vale para el deporte y para la vida. Hay que esforzarse y ser generoso, con la edad veréis como la generosidad es rentable", aconsejó, siempre humilde pero cargado de sabiduría un hombre que fue, es y será siempre artífice de una de las mayores alegrías del deporte en la historia de España. "Para mí lo más bonito fue la conducta de normalidad que tuvimos", dijo. Genio y figura, y muy sencillo.

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