El Algeciras llega tarde

  • Los algeciristas esperan a la segunda parte para cercar a un Cabecense que se salva por la falta de puntería

  • Los albirrojos, precipitados, fallones y sin centro del campo, siguen segundos

Jugadores del Algeciras lamentan una de las ocasiones falladas ayer en el Nuevo Mirador. Jugadores del Algeciras lamentan una de las ocasiones falladas ayer en el Nuevo Mirador.

Jugadores del Algeciras lamentan una de las ocasiones falladas ayer en el Nuevo Mirador. / jorge del águila

La indescrifable ecuación del fútbol quedó ayer despejada una vez más en el Nuevo Mirador, donde el Algeciras se embolsó un empate que, en otras circuntancias, hubiera sido una victoria incluso cómoda. Porque, con mucho menos, el conjunto albirrojo ha terminado esta misma temporada celebrando un triunfo. Pero en esa fórmula que en realidad nadie comprende está la magia que sigue lllevando a los estadios a gente con cosas mucho más interesantes que hacer. De modo que el Algeciras se sobrepuso a la bajas, mal que bien, y logró cercar al Cabecense en la segunda parte. Pero, ojo, no logró meter el balón en la portería contraria. Y tamaña realidad es capaz desmontar cualquier sesuda teoría futbolística. Si no entra, no vale. Eso es lo que hay.

El Algeciras estaba citado a la hora del tapeo y llegó para el almuerzo, de modo que cuando se sentó a la mesa la comida se le había quedado fría. Sin un asidero en un centro del campo del que, para colmo, se le cayó Mané al poco de comenzar, el conjunto algecirista adoleció, sobre todo, de equilibrio. No lo tuvo en la primera parte cuando el Cabecense -agazapado atrás para lanzar incisivos contraataques- se le subió a las barbas y tampoco lo tuvo en la desenfrenada segunda mitad en la que acarició el triunfo.

Tano, muy lento e impreciso salvo en momentos puntuales, no consiguió que su equipo se asentara para jugar su fútbol. Y ahí se notaron las ausencias de Iván, de Pablo de Castro y hasta de Chico Díaz, por que a los que entraron por ellos les costó asumir el espíritu del juego algecirista.

Como -queda dicho- la cuestión era introducir la pelota en la portería contraria, el Algeciras ya había lanzado a puerta dos veces en los primeros cinco minutos. Y como el Cabecense venía con el guion ensayado, en el minuto 11 lanzó un contragolpe que Espada envió por encima de la portería. Y en el minuto 16, una de esas aproximaciones -demasiado cómodas- de los visitantes, permitió a Jesús Mari tocar lo justo un balón rápido desde la izquierda para sorprender a Romero en la cepa de su poste izquierdo. El Cabecense se había salido con la suya, pero por poco.

Casi a renglón seguido, el algecirista Alberto aprovechó un balón que le dejó Ito de cabeza para marcar a puerta vacía en una indecisión del meta Marcos y un defensa. Vuelta a empezar. Pero con un problema, porque no tardó mucho en pedir el cambio Mané, que tuvo que dejar su sitio a Anaya.

Por entonces suponía un enorme quebradero de cabeza para el Algeciras Lúa, mientras se veía que algecirista Ito no tenía precisamente su mejor día. por si quedaba alguna duda lo dejó claro en el 31', cuando falló en el mano a mano con el portero Marcos.

En el minuto 38, un tropiezo de Máiquez obligó al meta Romero a hacer un mal despeje que se estrelló en la espalda de Jesús Mari. El balón llegó a Espada, pero éste, solo y a puerta vacía, la echó fuera.

La mejor noticia hasta ese momento llevaba el 3. Moussa se había revelado como un futbolista habilidoso, con velocidad y potencia, capaz de desequilibrar a cualquier defensa. Pero completamente incapaz cuando el adversario tenía la pelota. De modo que ahí, en lateral izquierdo, estaba desaprovechado. Asián introdujo entonces a Oñate, quitó a Anaya y aproximó a Moussa a la meta contraria. El inventó funcionó y en la segunda mitad el Algeciras atrincheró al Cabecense. Alberto (65') la estrelló en el cuerpo del portero y desencadenó una tormenta sobre la meta de Marcos de la que éste salió sin mojarse. Moussa, Anaya y el propia Alberto tuvieron ocasiones claras antes de que el visitante Lolo fuera expulsado al ver su segunda amarilla. Al final, Alberto pudo marcar en una falta que Marcos acertó a despejar. No estaba el día para el Algeciras, pero ese es el misterio. Otra vez, con menos, será que sí. Aunque entonces la victoria no nos dejará sitio para el análisis.

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