Presencia de Juan Benet

  • Varias ediciones, en particular una antología de sus ensayos y artículos preparada por Ignacio Echevarría, devuelven la actualidad a un escritor lastrado por su fama de oscuro a pesar de su sentido del humor y su inteligencia prodigiosa.

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Ensayos de incertidumbre. Juan Benet. Edición de Ignacio Echevarría. Lumen. Barcelona. 2011. 526 páginas. 26,90 euros.

Casi veinte años después de su muerte, la alargada sombra del ingeniero no ha dejado de proyectarse sobre el territorio de la literatura española en la que su obra, solitaria y altiva, sigue desafiando a los lectores como una cumbre escarpada, envuelta en la bruma y a veces inaccesible. Es verdad que sus discípulos, aunque fieles a la memoria del maestro, no han seguido sus pasos a la letra, porque la singularidad del estilo narrativo de Benet se resiste a la emulación y porque su verdadera influencia se tradujo sobre todo en el ámbito de las ideas, de ahí la importancia de una obra ensayística que no ha perdido su poder incitador ni su cualidad provocadora, por más que la literatura española haya cambiado bastante desde los días en que Benet oficiaba de sumo pontífice -nunca mejor dicho- del gusto extranjerizante, entre el desdén de los castizos y el aplauso de la generación que abanderó la nueva narrativa.

A la vuelta del verano nos hemos encontrado con tres novedades que devuelven la actualidad a un escritor que sigue vivo, si atendemos a las reediciones de sus libros o a las menciones -no siempre incondicionales- suscitadas por su formidable legado intelectual y literario, que ha entrado en el canon contemporáneo pero sigue siendo objeto de controversia. Una de ellas, publicada por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores en primorosa edición de José Teruel, reúne la Correspondencia que mantuvieron Benet y Carmen Martín Gaite -Carmiña o Calila- entre 1964 y 1986, algo menos de setenta cartas en las que los amigos comparten bromas, confidencias y algunas interesantes consideraciones sobre literatura. Otro de los títulos, también inédito hasta ahora, recoge cinco relatos escritos entre 1975 y 1985 que nacieron como divertimentos -dicen los editores- pero acabaron configurando un volumen, aunque inconcluso, de intención unitaria. Publicado por Lumen, Variaciones sobre un tema romántico no es una de las obras mayores de Benet, pero se lee con gusto y desmiente la leyenda de que todo cuanto escribió bordea las fronteras de lo inteligible.

La tercera de las novedades, que en rigor no ofrece nada nuevo, es acaso la más valiosa. Al cuidado de Ignacio Echevarría, Ensayos de incertidumbre propone una antología de la obra ensayística posterior a la publicación de La inspiración y el estilo (1965), un título fundamental en la trayectoria del escritor con el que Benet preparaba el camino para la recepción de su primera novela, Volverás a Región (1967), dando inicio a su defensa del grand style frente a la tradición costumbrista que había caracterizado, a su parecer, la literatura española de los últimos siglos. Después de este libro inaugural, Benet publicó toda una serie de ensayos más o menos programáticos -De Puerta de tierra (1970) a La construcción de la torre de Babel (1990)- en los que atacaba las limitaciones de la literatura que él llamaba informativa, glosaba los logros de sus autores predilectos o manifestaba su distancia respecto de otros muy reputados. Algunos de estos libros recogían prólogos, artículos o conferencias. Otros, como el espléndido Otoño en Madrid hacia 1950 (1987) o el decepcionante Londres victoriano (1989), se apartaban de la batalla de las ideas para incurrir en la semblanza o la divulgación histórica. Pero en conjunto los ensayos y artículos de Benet suponen una parte muy relevante de su obra, complementaria de la narrativa y de lectura obligada para entender sus aspiraciones como novelista.

Existía una amplia selección de los artículos de Benet, Páginas impares (1996), prologada por Manuel de Lope, así como dos volúmenes imprescindibles -Una biografía literaria (2007) e Infidelidad del regreso (2007)- en los que Mauricio Jalón recopiló buena parte de sus ensayos, pero la antología de Echevarría, que declara su deuda con este último, ofrece un recorrido cronológico en el que no faltan algunas de las páginas más polémicas o celebradas de Benet -la famosa carta abierta Sobre Galdós o Una época troyana- e incluye una impecable presentación en la que se analiza su obra crítica con admiración libre de complacencias.

Benet fue un gran ensayista. Tenía sentido del humor, una inteligencia prodigiosa y ese afán beligerante que caracteriza a los genuinos cultivadores del género. Independencia de criterio, una vasta cultura literaria y una confianza absoluta -al menos aparentemente- en sus juicios y prejuicios, que también los tiene. Esto no quiere decir que acertara siempre, desde luego, pero sus opiniones nunca dejan de ser estimulantes. Como señala Echevarría, el afán provocador de Benet, sus irrefrenables ganas de epatar, sobre todo en las entrevistas o declaraciones públicas, han podido eclipsar su extraordinaria capacidad para aportar puntos de vista novedosos -e iluminadores- acerca de obras o autores sepultados por las bibliografías, hacia los que el ingeniero dirige una mirada irónica, chispeante y a menudo iconoclasta. No abundan actitudes tan libres entre los ensayistas de la hora.

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