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La familia Marvel

Shazam. Shazam.

Shazam.

Creado en 1940 por Bill Parker y C. C. Beck, el Capitán Marvel es uno de los superhéroes más longevos de la historia del cómic. Debutó en las páginas de Whiz Comics, la emblemática cabecera de la extinta editorial Fawcett, y pronto superó al mismísimo Superman en ventas para convertirse en el personaje más exitoso de la década de los 40, con ventas superiores al millón de ejemplares mensuales. De manos del propio Beck y del fenomenal guionista Otto Binder, el superhéroe se reprodujo velozmente y dispuso de su propia familia, que incluyó variaciones como el Capitán Marvel Jr., Mary Marvel, los Tenientes Marvel, el Tío Marvel y hasta un conejo volador llamado Hoppy (esta estrategia expansiva sería adoptada más tarde por los editores de Superman, cuyo universo se enriqueció con Superboy, Supergirl, el perro Krypto y tantísimos otros conceptos). La fórmula de Binder y Beck era imbatible: acción y humor, con una aparente ingenuidad literaria y gráfica que envolvía, en realidad, pura sofisticación, pero se detuvo en seco. Nada más aparecer el personaje, DC demandó a Fawcett por plagio, y ambas editoriales alcanzaron al fin un acuerdo en 1954 por el que cesaba la publicación del Capitán Marvel. Resulta irónico que, años más tarde, DC adquiriese los derechos del superhéroe, de modo que, desde la década de 1970, el Capitán Marvel es publicado por la editorial de Superman, convenientemente renombrado como Shazam para evitar problemas con Marvel.

Estas nuevas aventuras de Shazam no han logrado nunca alcanzar la calidad y la relevancia de aquellos episodios clásicos, pero cuentan con momentos memorables. Seguramente, el más brillante sea la miniserie de cuatro números ¡Shazam! La monstruosa sociedad del mal (2007), una delicia escrita y dibujada por el siempre genial Jeff Smith, creador de la sobresaliente Bone, que es quien mejor ha sabido entender el enfoque original y la mística del Capitán Marvel. ECC recupera ahora esta divertidísima maravilla, un tebeo encantador que nos hace soñar y nos deja suspirando por más.

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