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El cantar de los nibelungos

  • Alex Alice se basa en la célebre tetralogía compuesta por Richard Wagner, que a su vez bebe de la fuente de un poema épico del siglo XIII que reúne las leyendas germánicas

Una página del volumen. Una página del volumen.

Una página del volumen.

En el siglo XIII se escribió El cantar de los nibelungos, poema épico que reúne leyendas germánicas mezcladas con hechos históricos y mitológicos y se convirtió en la epopeya nacional alemana, a la altura del Cantar de Mío Cid en España y el Cantar de Roldán en Francia. El cantar de los nibelungos narra la gesta de Sigfrido, un cazador de dragones.

En dicho Cantar se presentan los nibelungos, pueblo gobernado por el príncipe Nibelung. Son enanos que viven en las profundidades de la tierra y poseen un enorme tesoro que se encuentra en el fondo del río Rin. El rey de los nibelungos posee un anillo que tiene propiedades mágicas y atrae la desgracia a su portador.

El anillo del nibelungo es un ciclo de cuatro óperas compuestas por Richard Wagner, basándose en El cantar de los nibelungos. Estas óperas son El oro del Rin, La valquiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses; escritas entre 1848 y 1874.

Basado en la tetralogía de Wagner, llega el cómic Siegfried de Alex Alice (Francia, 1974). En 1997, Alice estaba trabajando en los cómics de El tercer testamento, aventuras ambientadas en el siglo XIV, en colaboración con Xavier Dorison. En 2010, el autor publicó Julius, serie ubicada en ese mismo universo. En 1999, realizó un cómic del videojuego Tomb Raider. En 2007 inició la publicación de Siegfried, tres álbumes recopilados en 2017.

Alice se centra en la parte de la obra wagneriana que protagoniza Siegfried. El integral se inicia con un prólogo (Obertura, en referencia al origen musical) donde vemos a un hombre y una mujer embarazada, que, azotados por la nieve, avanzan por un bosque. Son alcanzados por unos jinetes. Rodean a la joven pareja. Entonces desciende, a lomos de un caballo, Odín, que extiende su lanza hacia la pareja y el joven se lanza contra él espada en mano...

El hombre es atravesado por la lanza, cayendo inerte junto a su amada. Odín se arrodilla junto a la joven y le retira su inmortalidad. La chica desfallece en la nieve, y la quebrada espada del joven se hunde en las heladas aguas del lago.

Nos trasladamos a una caverna, en cuyo centro hay una laguna. Allí están una Valkyria y Volvä, criatura con cuerpo de árbol y cabellera de helechos, que maneja las aguas para mostrar el pasado, el presente o el futuro. Volvä remueve las aguas y descubrimos cómo Odín sometió todo lo conocido a su ley. Todo menos el oro, que otorga un terrible poder a quien lo posee, pero a cambio exige renunciar al amor. Odín, que no estaba dispuesto a renunciar al amor, ocultó el oro bajo las aguas de una laguna y puso a su hija, una Valkyria, como guardiana. Y allí permaneció, hasta que vio a un joven arrodillado sobre las aguas de la laguna y se enamoró de él. Su descuido fue aprovechado por Fafnir, un nibelungo que se apoderó del oro, y mandó que su hermano, el herrero Mime, le forjara un anillo con él.

Odín persigue a su hija y a su amado con el final visto en el prólogo. La joven, antes de morir, hace entrega de su recién nacido a un nibelungo que pasa por allí huyendo de la locura de Fafnir. El nibelungo es el herrero Mime y el niño es Siegfried.

Siegfried es un canto al amor a los hijos, pareja, amigos, etcétera… Odín, que ansia el pleno control sobre la creación, dirá que es "el origen de todos los males", porque escapa a su poder. Se le plantea el dilema de conquistar el poder absoluto, el oro del Rin, que implicaría la destrucción total del amor… o sucumbir ante éste último y dejar el mundo más allá de su ley.

Algunos personajes no existen en Wagner (Völva), otros no aparecen en la versión de Alice (Loke, Fasolt...), otros se reinventan. Por ejemplo, Fafnir, aquí un nibelungo, es una fusión de Fafnir (gigante) y Alberich (nibelungo) de la ópera wagneriana. La madre de Siegfried no es una Valkyria, como aquí, sino Sieglinde, mortal nacida de la relación de Odín con una humana.

El ocaso de los dioses no es el Ragnarok, sino la derrota por amor. Alice presenta esta victoria del amor como una nueva era, donde los mortales tejerán su historia al margen de los dioses.

La trilogía de Alice se cierra sin los trágicos acontecimientos que viven Siegfried y Brunilda en El cantar de los nibelungos o en la última pieza de la tetralogía de Wagner.

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