La ruta migratoria Magreb-Andalucía es la que más crece en el Mediterráneo

  • La relajación de las fuerzas de seguridad marroquíes y lo peligroso que es atravesar Libia explican el auge de las llegadas de inmigrantes al sur de España

Varios inmigrantes esperan en el puerto de Tarifa tras ser rescatados por Salvamento Marítimo en aguas del Estrecho de Gibraltar en junio. Varios inmigrantes esperan en el puerto de Tarifa tras ser rescatados por Salvamento Marítimo en aguas del Estrecho de Gibraltar en junio.

Varios inmigrantes esperan en el puerto de Tarifa tras ser rescatados por Salvamento Marítimo en aguas del Estrecho de Gibraltar en junio. / erasmo fenoy

De todas las rutas migratorias a través del Mediterráneo hay una que crece a un ritmo superior a las demás: la que conduce a inmigrantes desde el Magreb, sobre todo de Marruecos, al sur de España, sobre todo a Andalucía.

El incremento del número de inmigrantes y refugiados llegados desde principios de año al sur de Italia procedentes de Libia fue hasta el 12 de julio del 8,9% más que el año pasado, según el Ministerio del Interior italiano. En la ruta marítima que enlaza el noroeste de África con Andalucía fue del 200%. El mes pasado alcanzó incluso el 300%. La peor parte le tocó a Almería donde llegan menos pateras que en el Estrecho, pero suelen ser más grandes y transportan una media de 35 pasajeros.

Hasta el 9 de julio habían entrado por mar en España 7.089 inmigrantes irregulares y otros 3.012 por tierra, es decir, a través de Melilla y sobre todo de Ceuta. En total son 10.108 a los que hay que añadir al menos 92 fallecidos, según se indicó esta semana en un curso de verano de la Universidad de Almería. Si se mantiene este ritmo en el segundo semestre, 2017 será para España el peor año desde que en 2006 Canarias recibió a más de 31.000 sin papeles embarcados en cientos de cayucos.

El número de los que entraron irregularmente en España en 2017 supera, por primera vez, ligeramente a los que lo hicieron en Grecia (9.900), procedentes de Turquía, pero es aún ocho veces inferior a los que, tras zarpar de Libia, alcanzaron las costas de Italia (85.217 de los que el 11,5% son menores). Esta sigue siendo la ruta más transitada del Mediterráneo.

"El fenómeno que hemos detectado este año en las costas andaluzas no es coyuntural", advierte Francesca Friz-Prguda, representante en España del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), en conversación con este periódico. "Por eso es conveniente que las autoridades españolas cambien el chip y se vayan movilizando los recursos necesarios para hacer frente a lo que se puede avecinar", recalca. En el mar, gracias a Salvamento Marítimo, los recursos son por ahora suficientes para rescatar a los náufragos, "pero no así en tierra", según Friz-Prguda. "Se requieren más dependencias adecuadas para acogerlos, más intérpretes, más policías para proceder a su identificación y una mejor atención a sus necesidades de protección", subraya.

Los Centros de Internamiento de Extranjeros de Andalucía están saturados y, como pasó en Motril el miércoles pasado, se ven obligados a soltar a sus inmigrantes retenidos -a veces se los entregan a Cruz Roja o a ONG- mientras que en el puerto de Barbate 160 marroquíes dormían al aire libre.

Cada vez que la prensa le ha preguntado recientemente por el auge de la inmigración el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, lo ha achacado al "buen tiempo" como si los temporales hubiesen azotado constantemente el Mediterráneo en años anteriores. También ha exculpado a Marruecos, de donde zarpan el 95% de las pateras, de cualquier responsabilidad porque "su colaboración es leal e intensa".

¿Por qué se ha disparado la inmigración? El análisis pormenorizado de quienes son los inmigrantes brinda en parte la respuesta. Los marroquíes nunca han dejado de emigrar a Europa a través de itinerarios tortuosos -4.190 desembarcaron este año en Italia procedentes de Libia, según el Ministerio de Interior italiano- pero ahora han vuelto a cruzar directamente a Andalucía como hacían hace 15 años.

En los seis primeros meses de este año han arribado 1.423 a Andalucía, casi todos en junio, aunque el número real es más elevado porque a veces logran no ser detenidos, según explicaron los intervinientes en el curso de Almería. "Zarpan en su mayoría de entre Alhucemas y Nador y no quieren ser rescatados sino llegar a la costa por sus propios medios y echar a correr para que no les echen el guante", explica Miguel Zea, jefe de Salvamento Marítimo en Almería.

Los marroquíes saben que si son apresados serán inmediatamente devueltos sin posibilidad, en general, de pedir asilo en España aunque se declaren rifeños perseguidos. De los que llegaron en junio sólo cuatro chavales de Alhucemas pudieron solicitarlo en Motril. Los argelinos -llegaron 474 en el primer semestre- también intentan sortear a la Guardia Civil porque corren la misma suerte.

"Los subsaharianos, en cambio, muchas veces ni siquiera tienen gasolina para cruzar el Mediterráneo y a decenas de millas de la costa ya empiezan a intentar llamar por teléfono para que los rescatemos", prosigue Miguel Zea. No temen a las fuerzas de seguridad porque saben que su expulsión a sus países de origen es mucho más difícil.

Si el flujo de inmigrantes crece y a él se incorporan marroquíes es porque "hay una relajación de la vigilancia de Marruecos" cuyas fuerzas del orden "están más ocupadas ahora tratando de atajar las manifestaciones en el Rif", asegura Pablo Pumares, director del Centro de Estudio de las Migraciones y Relaciones Interculturales de la Universidad de Almería.

Los activistas rifeños sostienen que, desde que a finales de mayo empezó la represión de sus protestas y sus líderes fueron detenidos y encarcelados, nada menos que 25.000 agentes de las fuerzas de seguridad y militares han sido desplegados en la provincia de Alhucemas, cuya población apenas rebasa los 400.000 habitantes, y varios miles más en las demarcaciones colindantes. Las autoridades marroquíes no dan ninguna cifra sobre los recursos empleados para acallar las protestas.

Las entradas masivas de subsaharianos en Ceuta a principios de año fueron toleradas por Rabat, que reaccionó así a una sentencia de diciembre del Tribunal de Justicia de la Unión Europea desfavorable para sus intereses, según informaron entonces confidentes policiales que trabajan en los alrededores de la ciudad autónoma. La laxitud actual de las fuerzas de seguridad marroquíes no tiene, sin embargo, ninguna intencionalidad política. Es achacable a la imposibilidad de atender eficazmente todos los frentes, el de la represión policial y la vigilancia costera.

Las turbulencias por las que pasa el Rif han provocado además una caída de su ya de por sí maltrecha actividad económica legal. "Alhucemas: 50% de las reservas hoteleras canceladas" para el verano, titulaba esta semana la publicación marroquí Panorama Post. Éste es otro factor que empuja a los jóvenes a probar fortuna en la orilla norte del Mediterráneo. "Tienen además la percepción de que España se ha recuperado económicamente y que hay de nuevo muy cerca de su casa oportunidades de trabajo", indica Pumares. Tan sólo 169 kilómetros separan en línea recta a Alhucemas de Málaga.

El repunte del fenómeno de la inmigración no es sólo achacable al descuido de policías y gendarmes marroquíes que parecen tener otra prioridad. Es también atribuible a un incremento de la presión migratoria. Prueba de ello es que el número de pateras llegadas a Baleares y Murcia -todas ellas procedentes de Argelia- se ha multiplicado por tres con relación al año pasado aunque es muy inferior al de las que se van a pique frente a las costas de Andalucía.

En Agadez, una ciudad de tránsito de inmigrantes en el norte de Níger, "los candidatos a emigrar hablan cada vez más de evitar Libia y tratar de llegar a España/Europa desde Marruecos", asegura une fuente de inteligencia. La ruta marítima de Libia al sur de Italia "conlleva excesivos riesgos, muchos más que la del Mediterráneo occidental", indica Helena Maleno, responsable de la ONG Caminando Fronteras.

Al mayor peligro en el mar "se añaden el maltrato, las violaciones, el secuestro, la extorsión y hasta una semiesclavitud temporal que padecen a su paso por Libia muchos aspirantes a emigrar" a Europa, se lamenta Friz-Prguda de Acnur. "De ahí también que cada vez sean más los que optan por el Mediterráneo occidental", concluye.

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