Todos han ganado y todos hemos perdido

LA gran noticia del debatazo es que no hubo noticia. Los proverbiales bla, bla, bla que Zapatero y Rajoy han manejado sin descanso los últimos cuatro años cayeron sobre la multimillonaria audiencia cual martillo pilón. Cualquiera que los escuchara el lunes por la noche bien pudo cerrar los ojos e imaginarse que estaba oyendo por la radio uno de sus habituales encontronazos en el Congreso de hace uno, dos, tres o cuatro años.

Algunos incautos esperaban de los dos candidatos algo más que sus archiconocidas letanías. Por supuesto que era menester aprovechar que tenían detrás de las cámaras a seis de cada diez españoles y había que disparar los mensajes fundamentales para calar en el gran público. Se trataba de meter cuatro años en noventa minutos, como dice el admirado colega Pablo Ordaz. La cosa tenía miga. De acuerdo. Pero todo lo que se dijeron sonó a eco en el vacío. Nada nuevo.

Y eso es muy triste para un periodista. Sin noticias no somos nada. Pero hubo titulares. Claro. Aunque algunos estaban preconcebidos. Había escaso margen en el debate para que saltara la liebre de la debacle de alguno de los candidatos. Como ninguno patinó, había que tirar de la tramposa subjetividad. Te la coges del brazo y a opinar que son dos días.

Unos colegas tienen muy claro que Zapatero ganó el debate, otros sostienen que venció Rajoy y otros no saben no contestan. Ayer hubo discusiones enconadas en alguna que otra redacción. El bipartidismo, capitán general, y el maniqueísmo, su lugarteniente, hacen estragos y no se cansan en este país del rojo y el azul. Pues eso, que los respectivos medios afines no les han fallado a los candidatos. Que si ganó Rajoy, que si ganó Zapatero... Más bien se ha perdido una oportunidad de ver la verdadera calidad humana del hombre que estaba detrás de esos dos robots que tan bien memorizaron, recitaron y acusaron. Un poco de espontaneidad y naturalidad entre los candidatos no es pedir mucho, es pedir la luna.

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