Los carabineros del 'Solitario'

  • El 11 de febrero de 1868, hace 150 años, un bergantín italiano naufragó en La Atunara

  • Los agentes que apoyaron a los marinos fueron galardonados por el país transalpino

Días atrás tuve la oportunidad de asistir a una magnífica conferencia, impartida con maestría por el coronel de la Guardia Civil Jesús Núñez, con la que se abría el programa de actos conmemorativos del CXL aniversario de la creación de la Comandancia de Carabineros de Algeciras. Una sala repleta hasta los topes escuchó cómo se hablaba de la esforzada vida de los miembros de este cuerpo, de la dureza de su servicio y del oneroso precio en vidas que pagaría en su guerra contra el contrabando y en defensa de los intereses de España.

Pues bien, en la historia de esa sempiterna guerra contra el contrabando, la Guardia Civil tuvo unos hermanos mayores en el antiguo Cuerpo de Carabineros del Reino. El Coronel Núñez ya expuso de una forma tan amena como documentada las condiciones, la organización y los resultados de la guerra al contrabando sostenida en esta zona por los carabineros entre 1878 y 1940. Eso me permite que, en lo que no pretende ser más que una pequeña contribución al recuerdo de estos esforzados militares, dedique este artículo a un hecho, que tuvo nuestras costas como escenario y a los carabineros como protagonistas, pero de un matiz diferente. Un hecho que sirve para recordar la destacada participación que los miembros de este cuerpo tuvieron en diferentes acciones de salvamento de náufragos, un aspecto posiblemente poco conocido del cometido de vigilancia de las costas al que se debían y que constituye una buena muestra de esa pasta especial de la que estos esforzados carabineros del Reino, como sus herederos de la Guardia Civil, estaban y están hechos.

El buque se fue a pique en medio de un temporal huracanado frente a la playa linense

Me refiero a la historia protagonizada junto a sus compañeros por un joven carabinero de veintipocos años, originario del pueblecito castellano de Viñuela de Sayago, provincia de Zamora que, a mediados del siglo XIX y como consecuencia del incremento de las medidas de protección de costas y fronteras, había sentado destino en la compañía de Carabineros destacada en La Línea de la Concepción.

Durante mucho tiempo, la única referencia a sus años de servicio en poder de su familia se reducía a un curioso cartapacio en el que, junto al hueco ocupado por una medalla, se conservaba el diploma de concesión por parte del entonces Reino de Italia de la 'Medaglia in Argento al Valore di Marina'. El documento estaba fechado el 25 de mayo de 1868 y recogía, como causa de la concesión, la participación del joven carabinero en las acciones de salvamento de miembros de la tripulación y el capitán de un buque italiano. Concretamente del bergantín Solitario, que había naufragado el 11 de febrero de ese año frente a las playas de la Atunara.

Quiso la fortuna que en el Archivo-Museo de la Armada Don Álvaro de Bazán en Viso del Marqués (Ciudad Real), el investigador Manuel Quero encontrase el informe oficial elaborado al respecto por un testigo de los hechos, el alférez de navío Julián Ildefonso Ríos, capitán del falucho guardacostas Golondrina, que en un descriptivo castellano decía así: "En la mañana del 11 de febrero del presente año, por efecto de uno de los temporales huracanados de estas costas que tan lamentables desgracias originan a los buques en las costas del Estrecho de Gibraltar, embistió en ellas el bergantín napolitano Solitario el cual fue destruido por las gruesas y tormentosas mares que la dureza del viento había formado.

Innumerables, como en estos acontecimientos tienen lugar, habían sido los individuos de todas las clases que a la playa acudieron, particulares muchos para ser testigos de la desgracia, con carácter oficial otros para prestar los auxilios posibles y sostener el orden necesario en estos incidentes, y animados todos del deseo de aliviar a los afligidos náufragos que del fragor de las olas pudiesen liberarse, merced a las cuales se hallaban sus vidas entre los fragmentos flotantes del buque. (....) la imposibilidad puso límite al deseo de los espectadores de tan desgraciado y lamentable incidente; pues la índole del servicio que para la salvación de las víctimas era indispensable excedía a las posibilidades humanas.

Ningún hecho extraordinario aparece por el procedimiento, ni posibilidades de que estos hubiesen podido tener lugar. Llamando solamente la atención fiscal, la asistencia en el punto del naufragio del Capitán de Carabineros Don Justo Torrens Nadal con sus subordinados (entre ellos aquel joven de Zamora) y del patrón de la compañía Centella, Benito Romay con los respectivos de los de su mando y algunos de los de la de igual clase Chispa, los cuales excediendo de lleno de sus deberes, sin separarse del lugar del naufragio, contribuyeron a la salvación y alivio de los desgraciados que la mar arrojaba de su seno, a librar y conservar los efectos que salían a tierra y a sostener el orden tan necesario en estos acontecimientos.

En consecuencia a lo expuesto, es el parecer del que suscribe que los servicios prestados en el expresado día por el Capitán de Carabineros Don Justo Torrens Nadal con los subordinados de su cuerpo, como así mismo los prestados por el Patrón Benito Romay con los suyos respectivos de la Centella y Chispa son distinguidos y relevantes, y que el tan esforzado como humanitario comportamiento observado por los expresados individuos es digno que sea elevado al conocimiento del Gobierno de S.(u) M.(ajestad) para que en su vista pueda obrar en justicia con los expresados individuos; y a este fin lo someto al Excmo. Señor Capitán General del Departamento y este resolverá lo que estime más en justicia".

Nada más se sabe del tema. De hecho, en la colección familiar no se conserva ninguna otra recompensa salvo la concedida por el Reino de Italia y una medalla en plata de la Asociación de Salvamento de Náufragos. Lo que sí se conservó fue el diploma italiano, durante muchos años único soporte documental, tanto del destacado comportamiento de aquel joven como de su pertenencia al Cuerpo de Carabineros. Ahora que se cumplen ciento cincuenta años de los hechos que llevaron a su concesión, la familia lo ha cedido temporalmente para que forme parte de la muestra que se exhibirá en la exposición conmemorativa que próximamente se va a inaugurar a tal efecto.

Con el tiempo se pudo averiguar que, el 9 de marzo de 1869, siendo ya cabo segundo de la 7ª Compañía de Carabineros del Reino y con veintinueve años cumplidos, aquel joven se había casado en el llamado Punto de La Línea, con Catalina María Bruzón Galuzo, una chica curiosamente de origen italiano, de veintidós años y prima hermana de quien luego fue "fundador y artífice" de La Línea de la Concepción. La pareja fijó su residencia en esta ciudad, al principio en el llamado Huerto de Cayetana y tuvieron trece hijos, todos ellos linenses. Aquel carabinero falleció en 1892, pero me consta que sus descendientes siguen viviendo aún en La Línea. Es más, mis hijos aparte de conocer su historia llevan su apellido y mi hijo mayor, también su nombre. Se llamaba Alfonso Escuadra Álvarez. Feliz Aniversario.

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