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Posverdad o la era de la manipulación

  • Martínez alerta de las noticias falsas en Internet: "En 4 años habrá el mismo volumen que verdaderas"

Un campo de bots rusos, que gestionan falsos perfiles en redes sociales, difunde noticias falsas sobre la candidatura demócrata en las elecciones de Estados Unidos para lograr la inesperada victoria de Donald Trump. La campaña del Brexit logra otro triunfo poco esperado basado en buena medida en datos falsos. Y un grupo xenófobo y otro proislamista se pelean en la puerta de una mezquita en Houston sin saber que son víctimas del engaño de un ordenador extranjero, que ha convocado a los dos colectivos al mismo sitio y a la misma hora.

Son algunos ejemplos de la nueva era de la posverdad, en la que un mundo globalizado ha entrado de lleno. Cuando a finales de 2016 el prestigioso diccionario Oxford eligió posverdad (post-truth) como palabra del año aún no era un vocablo de uso común en España. El año de la victoria de Trump o del sí al Brexit rescató un vocablo que existía desde 2003 y que hoy cobra más relevancia que nunca, en la era de la manipulación de la información y las noticias falsas. Una manipulación que es deliberada, que "pretende influir en la toma de decisiones", advierte el catedrático de Economía Financiera, Francisco José Martínez, y que para ello tiene herramientas clave que se han mostrado muy efectivas, los millones de perfiles falsos existentes en las redes sociales y la información que estas manejan. Frente a ellas solo caben educación, regulación y "un periodismo que proporcione información veraz".

En las últimas 16 grandes elecciones se ha detectado la manipulación

Martínez hizo un recorrido por las distorsiones existentes en esta era de la posverdad y cómo están cambiando el mundo dentro de la primera sesión del Foro 30 de Europa Sur, creado para conmemorar el 30 aniversario del diario, que se celebra en 2019. Y frente a los asistentes -representantes políticos, empresariales e institucionales- recordó que el mundo ha entrado en una nueva época en la que se ha desatado una guerra en torno a la información, que se ha convertido en un "recurso natural", como ya lo eran el agua, los alimentos o la energía.

Según recoge la Real Academia Española, posverdad es la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. "Ya dan igual los hechos reales, solo interesan las apariencias", destacó Martínez. En realidad, la posverdad siempre ha existido, "pero el hecho de que dependamos de la información la hace más impactante". El 85% de la población empleada trabaja con información y "estamos todo el día compartiendo datos". Surge "una nueva forma de hacer daño: difundir información adulterada".

En esta guerra las armas son muy distintas. Se calcula que puede haber unos 300 millones de cuentas falsas en redes sociales cuyo titular es un bot. Cada semana se crean 3,5 millones de perfiles de ese tipo en Twitter. Los rusos van en cabeza -"quieren ser la primera potencia"- y tienen campos de bots, con miles de ordenadores dedicados a ellos. También China ha entrado en esa guerra, pero en este caso con mano de obra humana: tienen más de dos millones de personas para meter información en la red.

Pero, ¿cómo se consigue manipular la voluntad popular? Todo empieza con algo muy común hoy día, una petición de amistad de alguien desconocido. Cuando se acepta, ya se ha perdido el control sobre la propia información. Los me gusta, comentarios y datos subidos sirven para "que el bot empiece a conocerte mejor que tú". Para cuando llega un proceso electoral, ya sabe cuáles son los puntos débiles del votante. Y los ataca.

"En las elecciones americanas no se difundieron mensajes de vota a Trump, sino para desmovilizar el voto demócrata. Por ejemplo, si tú votas las fotos de perros te llega una noticia negativa relacionada con animales del candidato demócrata de tu estado". La intoxicación llegó a tal punto que en los meses previos a los comicios las veinte noticias más vistas relacionadas con las elecciones eran falsas.

El problema está muy expandido. Se estima que en las últimas 16 grandes elecciones que ha habido en el mundo ha habido manipulación. Los partidos la sufren y la provocan al mismo tiempo. "Hay gente que compra cuentas y los mismos bots rusos pueden usarse en un sitio o en otro", destaca Martínez. No hay que mirar muy lejos para ver el impacto de las cuentas falsas: en el caso del proceso secesionista de Cataluña, se utilizaron para mandar información a otros países europeos "sobre lo malo que era el Gobierno de España". Y en el sumario de la trama Púnica se relata cómo los ayuntamientos bajo sospecha pagaron a un experto que tenía hasta 45.000 bots en Twitter que difundían noticias positivas publicadas en medios digitales creados a propósito para esta tarea.

También es complicada la situación para las empresas, advierte el catedrático, ya que se enfrentan a posibles campañas orquestadas por competidores o por cualquiera con ganas de hacer daño. Por ello, "las grandes empresas ya tienen planes de contingencia para saber cómo actuar cuando surge una crisis de posverdad", explicó, con equipos especializados para combatir esos ataques.

Pero el cambio de paradigma llega más lejos aún. La acumulación de información sobrepasa cualquier dimensión conocida anteriormente: Facebook, por ejemplo, "tiene catalogadas más de 52.000 características de las personas", remarca Martínez. Los perfiles son tan completos que permiten conocer a la perfección al usuario. Tanto que, como si de una distopía moderna se tratase, "se ha detectado que cuando ve señales de que una pareja va a separarse empieza a mostrarle anuncios de abogados matrimonialistas, aunque los implicados aún no sepan que van a divorciarse".

Pero Mark Zuckerberg no es el único responsable de nuestra falta de intimidad (por otra parte, aceptada en las condiciones del servicio). También Amazon está en esa lista negra de recopilación de información: "Llega al punto de que cuando sale un libro nuevo que te puede gustar pero que aún no conoces, Amazon lo empaqueta con tu nombre y lo lleva al almacén de al lado de tu casa. Y empieza a inundarte con publicidad del libro hasta que lo compras".

El caso de Facebook es especialmente preocupante para este especialista. "Conforme te va conociendo te deja ver información y opiniones de lo que te interesa, pero no de otras formas de pensar". Se va reduciendo la visión del mundo, destacó ante los asistentes al foro en el Hotel Guadacorte.

Según los análisis de prospectiva, en cuatro años habrá tanto información falsa como verdadera ahí fuera. "Por eso el buen periodismo es más importante que nunca", señala el profesor. En ese contexto, "alguien tiene que tamizar la información y el más preparado para eso va a ser el periodista". En el mundo de la posverdad y lo que se ha dado en llamar infobesidad (sobrecarga informativa), lo importante ya no va a ser la noticia, sino que esta esté contrastada. "Consumir información veraz es muy importante para la democracia", remarca.

Y para distinguirla de la que no lo es resulta fundamental la educación, señala. "Hay que educar en medios. Los niños tienen que aprender a discriminar la información. Igual que en la era agrícola los padres decían a los hijos que una seta era venenosa, ahora hay que decirles que esa información lo es. Porque se están comiendo setas venenosas".

Y una tercera pata de la lucha contra la posverdad es legal, una regulación. Algo en lo que la Unión Europea está siendo pionera, intentando "meter en vereda" a las grandes tecnológicas: Apple, Amazon, Facebook y Alphabet (matriz de Google) en cabeza. Suman miles de millones de usuarios de los que "saben todo".

El momento de la regulación ha llegado con el reglamento europeo de protección de datos en cabeza, pero "necesitamos normas globales para problemas globales". Así se evitaría que ocurra algo que ya está pasando: en España está prohibido el spam, pero los correos se mandan desde aguas internacionales.

El mundo de la posverdad también está obligando a cambios en el mundo laboral. Dos de cada tres empresas ya tienen normas escritas sobre el comportamiento de sus empleados en redes sociales internet.

Se va llegando al momento de la popverdad, la verdad popular, y "ser ciudadano Robinson, quedarse aislados, ya no es una opción". En un mundo de smart cities ya no es posible abstraerse, el gran hermano se hace real: "Los chinos ya han inventado un sistema por el que pueden distinguir a cualquiera por su cara". Toca por tanto hacer frente a la posverdad tanto ciudadanos como gobiernos y empresas, porque "esto es una guerra".

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