Luz al final del túnel

  • María Elena González disfruta del tercer grado este puente junto a su familia tras ocho meses de reclusión en Botafuegos por un delito cometido hace más de 10 años

María Elena González goza ya de la libertad que le otorga la obtención del tercer grado penitenciario. La joven residente en Tarifa que el pasado 23 de marzo entró en prisión acatando la orden ejecutoria de una sentencia emitida en el año 98 por la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife que condenó a la joven a tres años de prisión por un delito de tráfico de drogas, salió en la mañana del ayer en libertad para poder disfrutar del puente de la Constitución en el calor familiar.

Se trata del segundo permiso obtenido por María Elena una vez que el pasado 31 de octubre la comisión encargada de la revisión de su condena, dictaminara en favor de concederle el tercer grado penitenciario que le permitirá salir en libertad los fines de semana en principio y todos los días más adelante, teniendo que acudir a Botafuegos tan sólo a pernoctar.

Por fin el tan anhelado sueño de la familia Ibáñez-González se hizo realidad y María Elena podrá conciliar el sueño en el calor del hogar junto a su pareja y su pequeña hija Aroa, que viene soportando la ausencia de su madre desde hace ocho meses. El tiempo que ha permanecido recluida en la prisión expiando las culpas de un delito cometido hace casi una década y que el sistema judicial ha llevado a efecto a pesar de que la joven se encontraba totalmente integrada en la comunidad y sociedad tarifeña, objetivo primordial del sistema penitenciario.

Tras la pertinente tramitación del permiso, tuvo aún que esperar un tiempo para poder abrazar a su pareja y a su hija, en los extramuros de la cárcel. Pero como ella misma cuenta, "desde que me comunicaron la posibilidad de salir en libertad, los días parecieron detenerse, pasar más lento de lo habitual. Pero la espera ha valido la pena y la sensación de abandonar el centro después de llevar allí internada casi un año, es algo que no se puede explicar con palabras", asegura emocionada.

González, no obstante, tendrá que volver tras el puente. "Quizás eso es lo más duro, volver a la cárcel después de haber saboreado la libertad. Hay algo que te impide avanzar hacia la puerta de entrada. Pero sabes que dentro de poco todo este calvario acabará y lo que hoy son pequeños permisos se convertirá en una libertad condicional, que me facilitará no tener que entrar en la cárcel jamás", dice mientras su pequeña Aroa se escuda en su regazo y José María, que lleva batallando desde antes de que su mujer entrase en prisión para lograr el indulto solicitado al Ministerio del Interior, la mira con ternura. Asimismo, la joven asegura que "a pesar de gozar de permisos lo cierto es que teniendo que ir a dormir a la prisión que está alejada de Tarifa, disfruto pocas horas de mi familia. Mientras que entro y salgo de Botafuegos se van tranquilamente unas cuatro horas entre una cosa y otra". Añade que el gasto de transporte público para acudir a la prisión en muy alto.

Mientras no pierde la esperanza de que se resuelva a su favor la petición de indulto, María Elena González podrá disfrutar de la compañía de su familia en las tan entrañables fechas navideñas, donde la lejanía de la familia y de los seres queridos se hace insoportable.

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