'L'Atalante' llega a buen puerto

  • Se cumplen 80 años del estreno de la obra maestra de Jean Vigo, todo un tratado poético sobre las pasiones que ahora reluce en una nueva copia restaurada para su primera edición en Blu-ray.

No ha pasado década desde su primera gran reivindicación por la crítica francesa a finales de los años 40 del pasado siglo en la que L'Atalante (1934), el único largometraje que consiguió rodar Jean Vigo poco antes de morir de tuberculosis a los 29 años, no haya aparecido entre los puestos de honor de las listas de las mejores películas de la historia del cine. En la última, publicada en verano de 2012 por la revista Sight & Sound y el BFI, la cinta de Vigo se colocaba en el puesto número 15, cayendo desde la sexta posición (la quinta entre los propios cineastas) obtenida en la anterior encuesta de 1992 o la décima que obtuvo en 1962.

Sea como fuere, puesto arriba o abajo entre las mejores, esta película anómala, extraña, poética y única, mutilada en sus primeras versiones, estrenada inicialmente con el título de una canción de moda, Le chaland qui passe, una película tocada por una gracia especial fruto de las circunstancias de su gestación y su rodaje, en el que la improvisación, las peculiaridades de las localizaciones, la climatología y el control se alternaban sin solución de continuidad, sigue atravesando la historia con una frescura y un encanto intactos gracias a su pasmosa modernidad, a su gozoso carácter imperfecto, a la propia aureola mítica y de culto que la prematura muerte del poeta Vigo, que no pudo ver siquiera la película estrenada, le han ido imprimiendo a cada nuevo hallazgo de alguna imagen perdida, a cada nuevo descubrimiento de escenas, músicas (del gran compositor Maurice Jaubert) o secuencias originales que fueron censuradas o cortadas por los productores de Gaumont que no confiaron en aquella joya que tenían entre manos en el momento de su estreno en septiembre de 1934.

Ochenta años más tarde nadie contesta ya la enorme valía y la excepcionalidad de este filme, menos aún cuando sucesivas labores de recuperación de las distintas versiones y copias internacionales de la película y una reciente restauración de la que tal vez pueda considerarse como su versión definitiva (de 1991, revisada en 2001) no sólo hayan revelado la limpieza de sus imperfecciones, la propia batalla entre las estéticas del mudo y el sonoro que se libraba en su interior, los modos libres y vanguardistas de un Vigo ayudado por el ojo móvil y líquido del operador y director de fotografía Boris Kaufman (hermano de Dziga Vertov) o el destello del rostro luminoso y juguetón de una Dita Parlo que sigue irradiando una contagiosa joie de vivre en cada plano.

Comenzar una película con una boda, y de ahí, para arriba, o hasta el fondo del agua para recuperar la intensidad de ese primer momento. El reto de L'Atalante nos lleva río abajo por los canales hasta París, en el carguero que le da nombre, entre personajes sin otra patria que el agua y la vida errante, personajes que tal vez añoran echar el ancla en algún puerto pero que se saben fuera de la sociedad y sus convenciones. Dita Parlo, Jean Dasté y Michel Simon conjugan un triángulo irregular en el que los juegos hacen daño y el amour fou asoma por la escotilla para desafiar las certezas y tentar a los cuerpos. Los ambientes brumosos que recortan las siluetas en contraluz en los paisajes industriales, la cámara que se mueve ágil y precisa entre los gatos en el pequeño y atestado camarote, el montaje lírico capaz de coreografiar un orgasmo en la distancia, las fantasmales imágenes superpuestas de un espejismo de amor sublimado bajo las aguas del canal, una canción popular como mcguffin para el reencuentro tras el desencanto, la huida y la desesperación.

L'Atalante es un continuo regalo de estímulos puramente cinematográficos, la culminación de una intuición de estilo que Vigo apenas pudo apuntar en A propòs de Nice (1930) y Cero en conducta (1933), esas dos pequeñas películas a mitad de camino entre la mirada al mundo (de la ciudad moderna y sus contradicciones, de la infancia como arcadia) y el potencial del cine y su materia para trascenderlo.

Esta edición, todo un acontecimiento en el renqueante mercado del Blu-ray y el DVD español, viene a reparar deudas y a prestigiar cualquier videoteca que se precie. La copia, decimos, la mejor posible, una restauración en todo caso, puede que no exactamente la que Vigo tuvo en su mente. Los extras, si bien no todos los posibles o los de ediciones de referencia como la de Criterion (con la que sí comparte el master), resultan igualmente destacables: el documental Les voyages de L'Atalante (2001), de Bernard Eisenschitz, da cuenta de todos los avatares y versiones de la cinta hasta esta forma, digamos, definitiva; y una entrevista con el cineasta georgiano Otar Iosseliani, quien no duda en confesar y explicar por qué esta película, que vio por primera vez cuando estudiaba cine en Moscú, le ha acompañado siempre hasta el punto de recordar cada uno de sus instantes, planos y diálogos.

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