Modélico y sentido adiós a Miriam Tamayo "sin una sola mala palabra"

Los pastores evangélicos que ofician el funeral destacan el comportamiento de una familia rota por el dolor y agradecen el apoyo prestado desde el Ayuntamiento jerezano

M. Moure jerez | Actualizado 15.06.2013 - 12:18
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Familiares y amigos de Miriam Tamayo miran su féretro (fuera de imagen) al ser introducido ayer en el coche fúnebre.

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Abrazos de consuelo a José, padre de la joven, a las puertas del Tanatorio.

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"Llevo con ellos desde ayer (jueves para el lector) cuando estaban en Cádiz. He seguido con ellos hasta que vinimos a Jerez, he estado con ellos y en todo este tiempo no ha salido de sus bocas ni una mala palabra". Con esta frase quiso resumir el pastor evangélico Pedro Zambrano el comportamiento, verdaderamente ejemplar, de la familia de Miriam Tamayo, la joven asesinada en plena calle el pasado miércoles a manos del hombre que una vez fue su pareja y que es padre de su hijo, de pocos meses de edad.

El dolor, palpable, presente, inmenso, llenó el corazón y los ojos de lágrimas a todos los asistentes. En ese mar de lágrimas en recuerdo de Miriam no hubo ni una sola alusión al presunto homicida, ni siquiera a su acto asesino. No era cuestión de ensuciar la memoria de la joven en su despedida. "Ni una sola mala palabra", enfatizó el pastor evangélico ante una capilla del Tanatorio completamente abarrotada de familiares, vecinos y amigos.

El funeral por la joven comenzó a las nueve de la mañana. Desde minutos antes la alcaldesa de Jerez, María José García-Pelayo, así como la delegada de Bienestar Social, Isabel Paredes, ocuparon un asiento en las últimas filas de la capilla. Poco después se incorporó el delegado local de Seguridad, Javier Durá. Desde el altar de la capilla, presidido por la imagen de Jesús Resucitado, los pastores (también acudió el pastor de la Iglesia Evangélica 'El Renuevo' de El Puerto, Miguel Muñoz) agradecieron el apoyo prestado por el Ayuntamiento de Jerez a esta humilde familia de la avenida Tomás García-Figueras del Polígono de San Benito.

Durante el culto fueron desgranando la personalidad de la joven fallecida, así como la última conversación que había mantenido con su guía espiritual, Pedro Zambrano, el pasado fin de semana "cuando prefirió quedarse con su niño pequeño, que estaba con fiebre y moquitos, antes que venir al culto". Dijo que volvería el próximo domingo, algo que por desgracia ya no podrá volver a ser. La describió como una chica que sabía lo que quería, con las ideas claras, y muy unida a su culto "tanto que en su foto de Facebook aparece el día que la bauticé".

La unión de los familiares y de este grupo cristiano se mostró sólida, férrea, en torno al dolor que postraba en las primeras filas a sus padres, Pepe y María, así como a las dos hermanas de Miriam y a su abuela que, a los 85 años, está sufriendo el que sin duda es el peor trago de su vida.

Una vez que los dos pastores elevaron sus palabras por Miriam (el primero de ellos fue Miguel Muñoz, pastor de la Iglesia a la que acudía la joven, y el segundo Pedro Zambrano) se procedió al traslado del ataúd con los restos de Miriam Tamayo al cementerio municipal 'Nuestra Señora de la Merced'.

Tras el coche fúnebre (con coronas de amigos, familiares directos y de la Escuela de Hostelería donde cursaba estudios) se organizó una amplísima comitiva que obligó incluso a que los efectivos de la Policía Local destinados por tal motivo al Tanatorio cortaran la rotonda de la bodega 'Las Copas' para que el cortejo fúnebre no perdiera continuidad y llegara a su destino lo más compacto posible.
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