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Medio siglo sin la Janda
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Medio siglo sin la Janda
Ildefonso / Sena / Isena@imagenta.es | Actualizado 03.09.2010 - 01:00EN los años 60 se cometió en esta provincia uno de los atentados medioambientales más graves de la historia reciente de España. Un auténtico crimen contra la biodiversidad y una cacicada digna de aquella España de sol y pandereta, de una Andalucía controlada por los terratenientes y señoritos a caballo con derecho a pernada.
Me refiero a la desecación de la laguna de La Janda, por aquél entonces uno de los humedales más importantes de Europa que, por su especial situación cerca del continente africano, suponía parada y fonda de millones de aves en sus viajes permanentes hacia y desde la otra orilla del Estrecho.
Aquella maravilla ecológica se extendía entre Tarifa y Vejer y, en su conjunto, llegó a abarcar más de 50 kilómetros cuadrados de humedal. Aún hoy, en épocas de fuertes lluvias, la mítica laguna aparece para hurgar en nuestras conciencias, para recordarnos cómo la especie humana está destrozando un Planeta -el único que tenemos- provocándole una enfermedad que ya nos está pasando factura.
En los tiempos que corren hubiera sido difícil cometer aquél atentado, aunque no imposible si tenemos en cuenta los bueyes con que aramos. La laguna fue convertida en tierras de cultivo, a pesar de lo cual la gran depresión sigue conservando una mínima parte del ecosistema que fue. También ha habido intentos de recuperar al menos una parte del humedal, pero hasta la fecha el esfuerzo y la lucha de unos pocos han caído en el saco roto de la desidia y el desinterés de las administraciones por nuestro medio ambiente.
Sirvan estas letras para recordar lo que jamás debió ocurrir y, al mismo tiempo, reivindicar la reparación de un daño todavía reversible.
Me refiero a la desecación de la laguna de La Janda, por aquél entonces uno de los humedales más importantes de Europa que, por su especial situación cerca del continente africano, suponía parada y fonda de millones de aves en sus viajes permanentes hacia y desde la otra orilla del Estrecho.
Aquella maravilla ecológica se extendía entre Tarifa y Vejer y, en su conjunto, llegó a abarcar más de 50 kilómetros cuadrados de humedal. Aún hoy, en épocas de fuertes lluvias, la mítica laguna aparece para hurgar en nuestras conciencias, para recordarnos cómo la especie humana está destrozando un Planeta -el único que tenemos- provocándole una enfermedad que ya nos está pasando factura.
En los tiempos que corren hubiera sido difícil cometer aquél atentado, aunque no imposible si tenemos en cuenta los bueyes con que aramos. La laguna fue convertida en tierras de cultivo, a pesar de lo cual la gran depresión sigue conservando una mínima parte del ecosistema que fue. También ha habido intentos de recuperar al menos una parte del humedal, pero hasta la fecha el esfuerzo y la lucha de unos pocos han caído en el saco roto de la desidia y el desinterés de las administraciones por nuestro medio ambiente.
Sirvan estas letras para recordar lo que jamás debió ocurrir y, al mismo tiempo, reivindicar la reparación de un daño todavía reversible.

