la esquina

Un salto generacional

| Actualizado 16.03.2010 - 01:00
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LOS viejos suelen recurrir al tópico aquel de que la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo, a lo que los jóvenes replican que la vejez, en cambio, es incurable. ¿Se curarán los cachorros que ha seleccionado Griñán para dirigir el PSOE andaluz la inexperiencia, impulsividad e inmadurez de sus pocos años? ¿No ha improvisado Griñán en demasía?

Hay un equívoco. Los Velasco, Díaz y demás colegas no son estrictamente jóvenes. No lo son ni siquiera en el contexto de una sociedad en extremo juvenilizada y peterpanesca como la nuestra. Puede achacárseles que, por su tempranísima dedicación a la política, no han tenido las vivencias y problemas de las gentes de su edad, pero no afeárseles sus años, que no son tan pocos. No tenían más los Escuredo, Rodríguez de la Borbolla, Zarrías y Torres Vela cuando llegaron a la cima del poder autonómico andaluz. Estaban todos en los treintaytantos, como los que hoy han sido promocionados.

La diferencia entre los de entonces y los de ahora es que aquéllos se insertaron en una realidad política nueva, de ruptura con el pasado, en la que hubo que improvisar la clase gobernante de la nada o del desierto de la clandestinidad y la dictadura. Éstos, por el contrario, son fruto del atasco de un sistema que, por la larga hegemonía del mismo partido y la corta altura de quienes lo pilotaban, no ha permitido la sucesión lógica de las élites dirigentes.

En resumidas cuentas, las operaciones de relevo no se han producido de manera digamos natural, y eso ha traído un auténtico salto generacional que ha cercenado las posibilidades de los cuadros y líderes socialistas en una enorme franja de entre 45 y 60 años. Entre Chaves y Velasco se ha quedado sin llegar arriba una generación de socialistas con tanta ambición como los que han tomado el poder en el congreso socialista del fin de semana, y con más mérito y preparación.

El PSOE ha desperdiciado parte de su capital humano y político por el miedo a acometer una transición a su debido tiempo. Lo cual se le vuelve en contra: el temor a las tensiones inevitables en estos procesos de cambio (¿para qué, si se ganan las elecciones?) conduce a un callejón sin salida en el que, al final, hay que hacerlos en el peor momento posible, en medio de la peor crisis económica que se recuerda y con las encuestas soplando a la contra. Cuando Griñán ha mirado a su alrededor en busca de pilares para su proyecto personal no ha encontrado más que jóvenes de colmillo retorcido, aunque no sobradamente preparados.

La juventud de la guardia pretoriana del PSOE de Andalucía no es ni una ventaja ni un inconveniente. Sólo la consecuencia de la obstrucción derivada de un sistema de poder personalista.
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