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La agonía del atún rojo
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La agonía del atún rojo
Ildefonso Sena / Isena@imagenta.es | Actualizado 26.02.2010 - 01:00EL esperpento mundial en torno a remediar el cambio climático tiene un asunto simétrico con el atún rojo como protagonista. Los poderes fácticos, económicos y políticos no se aclaran ni con lejía y practican la política del avestruz sobre una especie de importancia mundial que ya se encuentra en vías de extinción. Eso dicen los científicos, cuyos argumentos siempre serán de mucho más peso que el que pueda esgrimir cualquier mandatario acomodado en su poltrona. Como los muertos de El sexto sentido "sólo ven lo que quieren ver y oyen lo que quieren oír". O sea, quienes desgraciadamente deciden el futuro de ese prodigio de la naturaleza dan palos de ciego que, a la postre, llevará al atún rojo a la desaparición total. Hay demasiado dinero en juego.
Quienes deseen saber a fondo y sin mentiras en qué situación se encuentra, no sólo el atún sino todas las especies de interés pesquero, les recomiendo el documental titulado The end of the line en su versión original. A menos que dispongan de un poco de sensibilidad, acabarán leyendo los títulos de crédito con los pelos como escarpias. Esa es la verdad y no la que quieren vendernos los politicastros de turno, para quienes la práctica de una pesca sostenible suena a chino. Un país este, por cierto, que ha venido falseando las cifras de capturas de atún durante años para desgracia de la ciencia.
Para preservar el atún rojo habría que limitar la flota, dejándola a la mitad y sólo con técnicas artesanales. Y, sobre todo, controlar a fondo la pesca ilegal que campea a sus anchas por el Mediterráneo sin que nadie mueva un dedo. Ni multas ni detenciones: torpedeando la misma línea de flotación de estos piratas del siglo XXI.
Quienes deseen saber a fondo y sin mentiras en qué situación se encuentra, no sólo el atún sino todas las especies de interés pesquero, les recomiendo el documental titulado The end of the line en su versión original. A menos que dispongan de un poco de sensibilidad, acabarán leyendo los títulos de crédito con los pelos como escarpias. Esa es la verdad y no la que quieren vendernos los politicastros de turno, para quienes la práctica de una pesca sostenible suena a chino. Un país este, por cierto, que ha venido falseando las cifras de capturas de atún durante años para desgracia de la ciencia.
Para preservar el atún rojo habría que limitar la flota, dejándola a la mitad y sólo con técnicas artesanales. Y, sobre todo, controlar a fondo la pesca ilegal que campea a sus anchas por el Mediterráneo sin que nadie mueva un dedo. Ni multas ni detenciones: torpedeando la misma línea de flotación de estos piratas del siglo XXI.

