editorial

La autoridad de los profesores

| Actualizado 17.09.2009 - 01:00
EL Rey Don Juan Carlos hizo ayer en Cantabria, en el acto inaugural del curso académico, un llamamiento a los partidos políticos para alcanzar un amplio acuerdo nacional sobre educación y les instó a reconocer, reforzar y prestigiar la figura de los profesores. Las apelaciones del jefe del Estado no pueden ser más oportunas. La gravedad y persistencia de problemas como el fracaso escolar, el abandono prematuro de las aulas, la indisciplina creciente y el deterioro de la autoridad de los enseñantes hacen indispensable la firma de un gran pacto por la educación que supere el malhadado hábito de que cada gobierno altere la legislación educativa y las prioridades e implante un sistema duradero que permita, al fin, colocar la enseñanza española a la altura de los tiempos. Es la base imprescindible de una sociedad próspera y una economía saneada y competitiva, como repiten una y otra vez los líderes políticos de todos los colores, sin que hasta ahora hayan obrado en consecuencia. Pilar esencial de esta reforma ha de ser, como sugiere el Rey, el reconocimiento de la figura del profesor, reconocimiento a la vez social e institucional que ahora mismo no se detecta. Ni los padres, demasiado permisivos con sus hijos o desatentos a su educación, ni las autoridades educativas, que no han sabido combatir los crecientes actos de indisciplina, cuando no de violencia en las aulas y los centros, están ofreciendo a maestros y profesores el marco general de apoyo y respeto que la importancia de su función demanda. La situación ha llegado a un punto en el que los profesores se sienten incapaces de controlar a la minoría de alumnos escandalosos y díscolos que imponen su ley e impiden a la mayoría de sus compañeros recibir la enseñanza debida en condiciones de normalidad y aprovechamiento. El profesorado ha de sentirse protegido en los casos de agresiones, quizás con su consideración jurídica como autoridades, como se debate en diversos foros políticos e institucionales, pero la convivencia general en las clases necesita, para ser garantizada, un cambio notable en la sociedad y en las autoridades. A favor del maestro.
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