por montera

Libertad vigilada

Mariló Montero | Actualizado 25.07.2009 - 01:00
EL delito cometido por un menor deja bloqueado el discurso social. Nuestros hijos nos dejan paralizados y sin saber cómo actuar contra sus delitos. Los responsables de corregir actos inhumanos, como han sido las dos violaciones múltiples realizadas por adolescentes en Baena (Córdoba) e Isla Cristina (Huelva) en los últimos días, vierten discursos que sólo demuestran que no sabemos qué hacer con estos delincuentes. Ni padres, ni ministros, ni consejeros, ni reinsertadores, ni profesionales de los centros específicos. Con la excusa de que las leyes no se cambian a golpe de un nuevo caso, seguimos sin solucionar lo que a los adultos nos paraliza: la violación, y por un menor. Se dice que para erradicar la maldad de estos chavales, que son capaces de urdir una trama para reventar a una chiquilla, es fundamental la educación en el hogar. Quienes sostienen este único discurso es que se están quitando de en medio y se lavan las manos ante el grave problema. Dudo que los padres, sean de la condición social que sean o su nivel cultural o poder adquisitivo, no enseñen a sus hijos los valores del respeto. Ellos son los primeros en quedarse destrozados cuando la policía llama a su puerta para comunicarles que su hijo ha violado con alevosía a una niña. Quedan destrozados, sin saber qué hacer y preguntándose qué han hecho mal para que su hijo sea un delincuente.

La única solución para violadores es, según su edad, y así lo establece la Ley del Menor, repartirlos por cárceles, centros de menores y en su propio hogar, donde estarán sometidos a libertad vigilada. Un castigo, por llamarlo de alguna manera, desequilibrado con respecto al acto cometido, y cuya eficacia causa serias dudas. ¿Qué es la libertad vigilada? ¿Que un delegado se asome de vez en cuando a la casa para ver si el reo de trece años cumple todas las normas de conducta e instrucciones sobre educación, trabajo, familia y empleo del tiempo libre que se le imparten? ¿O quizá, otra vez, se deje en manos de unos padres absolutamente perdidos la reinserción de su hijo imputado? ¿O la libertad vigilada es un limbo donde depositar a los niños malhechores porque no sabes dónde llevarlos ni tienes sitio dónde reeducarlos?

Falta una Ley del Menor clara y adecuada. Faltan centros de menores públicos competentes y control profesionalizado sobre los privados. Falta ayuda profesional para los progenitores en quienes se vuelve a depositar la total confianza de que a base de educación su hijo se reinsertará. Y falta un castigo que en realidad sea capaz de cambiar la actitud de los delincuentes.

La gravedad aumenta con las cifras que se manejan, donde se dice que al menos un centenar de jóvenes condenados por cometer diversos delitos y que deberían estar internados se encuentran en libertad por ausencia de plazas y de centros. El sistema es deficiente y ya no hay más excusas para dar con la solución.