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Sorihuela de Guadalimar
cuchillo sin filo
Sorihuela de Guadalimar
| Actualizado 24.10.2008 - 01:00LO da la tierra. Ese determinismo geográfico que así enuncia el vulgo es una pamplina y además una impropiedad que impugna de raíz, valga la redundancia, los aquelarres nacionalistas. Pablo Iglesias y Francisco Franco nacieron en Ferrol y debe ser lo único que les una. Si la tierra de donde venimos y a la que un día volveremos -pobre tierra para quien la trabaja: los sepultureros mayormente- establece vínculos por encima o por debajo de las afinidades, es un asunto digno de psiquiatra que igual sabe descifrar Carlos Castilla del Pino, que encima hizo la mili en Ferrol (el Intermedio Galaico de sus Memorias).
¿Lo dará la tierra? En Canal Sur hicieron un reportaje hagiográfico con Baltasar Garzón entre sus paisanos de Torres, pueblo de Jaén donde nació y donde rotularon una calle con su nombre. Allí debió gestarse esta personalidad hiperbólica, desfacedor de entuertos, oenegé andante. Jaén es una provincia llena de contrastes. Cada vez que veo al fotógrafo Alejandro Ruesga, recordamos el viaje que hicimos a Sorihuela de Guadalimar, cuyo alcalde firmaba vales de comida en tiempos de desabastecimiento. Es el pueblo natal de la mujer de Garzón. En Torredelcampo nació Juanito Valderrama. Lo baña el río Culebras y no tiene calle Garzón, pero existe la calle Gibraltar Español. En Torredonjimeno, donde gobernó un Anguita sin mezquita, le hicieron un homenaje de desagravio a Gabriel Celaya en la persona de su viuda, Amparitxu Gastón. Ibros era la universidad de los monaguillos y en Sabiote ambientó Castilla del Pino su novela Una alacena tapiada. En Fuensanta de Martos tampoco hay calle Baltasar Garzón. La principal arteria del callejero es Valdepeñas, que parte el pueblo en dos: los vecinos de esa calle se quedaron sin la subvención europea al aceite porque los ordenadores comunitarios no registraban la letra eñe. Lopera es patria de los periodistas Alfredo Valenzuela y Francine Gálvez.
Los mejores ajedrecistas del mundo pasan todos los años por Linares, con el mecenazgo de Luis Rentero, que compartió una sociedad oleícola con Anatoly Karpov. Úbeda es de las pocas ciudades que ha dado un premio Planeta y un finalista: Antonio Muñoz Molina y Salvador Compán. A la sombra de Antonio Machado en Baeza. Menos mal que sus restos están en Colliure. Eso ha librado a sus espectros de las diligencias de Garzón, que en las clases de Francés de don Antonio suena a Garçon, variante cortesana de la peluquería.
No lo da la tierra. Ni lo quita. Antes de que se extinguieran los dinosaurios, cuando se despertó el jefe de la manada, Augusto Monterroso seguía allí. Y entre Arjona y Arjonilla Juan Eslava Galán iba recitando Andaluces de Jaén mientras contemplaba una fotografía de Silvana Mangano.
¿Lo dará la tierra? En Canal Sur hicieron un reportaje hagiográfico con Baltasar Garzón entre sus paisanos de Torres, pueblo de Jaén donde nació y donde rotularon una calle con su nombre. Allí debió gestarse esta personalidad hiperbólica, desfacedor de entuertos, oenegé andante. Jaén es una provincia llena de contrastes. Cada vez que veo al fotógrafo Alejandro Ruesga, recordamos el viaje que hicimos a Sorihuela de Guadalimar, cuyo alcalde firmaba vales de comida en tiempos de desabastecimiento. Es el pueblo natal de la mujer de Garzón. En Torredelcampo nació Juanito Valderrama. Lo baña el río Culebras y no tiene calle Garzón, pero existe la calle Gibraltar Español. En Torredonjimeno, donde gobernó un Anguita sin mezquita, le hicieron un homenaje de desagravio a Gabriel Celaya en la persona de su viuda, Amparitxu Gastón. Ibros era la universidad de los monaguillos y en Sabiote ambientó Castilla del Pino su novela Una alacena tapiada. En Fuensanta de Martos tampoco hay calle Baltasar Garzón. La principal arteria del callejero es Valdepeñas, que parte el pueblo en dos: los vecinos de esa calle se quedaron sin la subvención europea al aceite porque los ordenadores comunitarios no registraban la letra eñe. Lopera es patria de los periodistas Alfredo Valenzuela y Francine Gálvez.
Los mejores ajedrecistas del mundo pasan todos los años por Linares, con el mecenazgo de Luis Rentero, que compartió una sociedad oleícola con Anatoly Karpov. Úbeda es de las pocas ciudades que ha dado un premio Planeta y un finalista: Antonio Muñoz Molina y Salvador Compán. A la sombra de Antonio Machado en Baeza. Menos mal que sus restos están en Colliure. Eso ha librado a sus espectros de las diligencias de Garzón, que en las clases de Francés de don Antonio suena a Garçon, variante cortesana de la peluquería.
No lo da la tierra. Ni lo quita. Antes de que se extinguieran los dinosaurios, cuando se despertó el jefe de la manada, Augusto Monterroso seguía allí. Y entre Arjona y Arjonilla Juan Eslava Galán iba recitando Andaluces de Jaén mientras contemplaba una fotografía de Silvana Mangano.

