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Tres vidas a la sombra de la verdad
Tres vidas a la sombra de la verdad
Isabel Gómez lucha por arrojar luz sobre su propia historia · Lleva ante la Fiscalía el supuesto robo de varios de sus hijos nacidos en los 70 · Recurre al ADN con la esperanza de poder cruzar muestras
María Teresa Muñoz / Algeciras | Actualizado 02.09.2012 - 01:00La sombra del horror que representó un colectivo médico y religioso desde los años 50 hasta los 90 sigue pesando cada día sobre numerosas familias, afectadas por los casos de niños robados. Unas dos décadas ha tardado en descubrirse toda una compleja trama basada siempre en el mismo modus operandi, una ficticia muerte de recién nacidos y su posterior venta a familias que no eran las biológicas.
La familia de Isabel Gómez es una de las 300 afectadas que se contabilizan aproximadamente en la provincia de Cádiz, la zona con más número de casos. Isabel perdió nada menos que a tres hijos de los cinco que podría tener en estos momentos, y los tres en Algeciras.
Su historia comienza en los años 70, cuando tenía 20 años de edad y alumbró a una niña, el segundo de sus hijos, en una clínica privada. Tan solo pudo ver la cabeza del bebé porque rápidamente se la llevaron las monjas que la asistieron durante el parto. Inquieta por no poder ver a su hija, preguntaba una y otra vez a las religiosas, quienes contestaron en un primer momento que la niña estaba bien. Más tarde se hicieron las desentendidas hasta que finalmente le dieron la mala noticia del fallecimiento. Entonces comenzó su calvario como madre, sin esperarlo, ya que su primer hijo, un varón, había nacido en esa misma clínica sin ningún tipo de problemas. Con las prisas, el médico se olvidó de extraerle la placenta, un descuido que le provocó fuertes dolores.
Tras la primera pérdida, de nuevo quedó embarazada y dio a luz en la misma clínica privada, obteniendo el mismo resultado, otra niña que estuvo viva durante tres días pero repentinamente murió, sin recibir una explicación clara de las causas, ni siquiera un certificado.
El desánimo ya se apoderó de Isabel y de su marido, Juan. Para evitar pasar por lo mismo una tercera vez, esta madre se planteó medicarse porque "¿para qué quería tener hijos? ¿para que se me murieran?", afirma Isabel con contundencia. Comenzó un tratamiento anticonceptivo bastante fuerte que le alteró el organismo. El médico le aconsejó que lo abandonara porque ya no se quedaría en estado pero a los pocos meses, de nuevo, esperaba otro hijo. Al respecto, el facultativo le advitió de que le ocurriría lo mismo que con los anteriores, lo que derrumbó aún más a Isabel porque finalmente se cumplieron las previsiones del médico.
Nunca acudieron al entierro de sus hijos porque el médico no les dejaba que les dieran sepultura porque consideraba que "era una tontería hacer un nicho para un niño tan pequeño pero para mí era una persona", afirma Isabel. Sin embargo, su marido sí que presenció la sepultura en una fosa común del tercer y último hijo fallecido. Para sorpresa del matrimonio, hace unos meses solicitaron unos documentos para comprobar que se enterró a su bebé y sorprendentemente, en la caja figuraba un niño cuando había dado a luz a una niña, por lo que ya corroboraron que todo había sido un engaño.
La experiencia vivida hasta el momento fue negativa. Sufrió mucho, cada vez que volvía a casa y debía guardar todos los preparativos para recibir al bebé. Pero su suerte cambió en cuanto dio a luz a su última hija, y la segunda de los cinco que tuvo que ha podido criar, en una residencia, ya no era la clínica privada que la abandonaron porque no tenían fuerzas para volver una vez más ni el dinero necesario. "La residencia fue mi salvación porque tengo la sensación de que en la clínica habrían intentado quitármela otra vez", afirma Isabel.
En 2010 denunció su caso ante la Fiscalía de Algeciras y todavía espera una respuesta. Paralelamente, tanto su marido como ella se están haciendo pruebas de ADN en un banco en Barcelona, a la espera de que les llamen para darles la noticia que no le dieron hace cuatro décadas. Confiesa que en numerosas ocasiones ha visto por la calle a personas que les recordaban a sus hijos pero rápidamente desechaba la idea. Sin embargo, "ahora, el corazón me dice que mis hijos están vivos, pero sé que será muy difícil encontrarlos, son muchos los niños que robaron", afirma Isabel, a quien no le importa que sus hijos tengan otra familia, tan solo quiere encontrarlos para "decirles que yo nunca los he abandonado, que me los han robado". Así es otra de las numerosas historias que siguen esperando justicia cuatro décadas después.
La familia de Isabel Gómez es una de las 300 afectadas que se contabilizan aproximadamente en la provincia de Cádiz, la zona con más número de casos. Isabel perdió nada menos que a tres hijos de los cinco que podría tener en estos momentos, y los tres en Algeciras.
Su historia comienza en los años 70, cuando tenía 20 años de edad y alumbró a una niña, el segundo de sus hijos, en una clínica privada. Tan solo pudo ver la cabeza del bebé porque rápidamente se la llevaron las monjas que la asistieron durante el parto. Inquieta por no poder ver a su hija, preguntaba una y otra vez a las religiosas, quienes contestaron en un primer momento que la niña estaba bien. Más tarde se hicieron las desentendidas hasta que finalmente le dieron la mala noticia del fallecimiento. Entonces comenzó su calvario como madre, sin esperarlo, ya que su primer hijo, un varón, había nacido en esa misma clínica sin ningún tipo de problemas. Con las prisas, el médico se olvidó de extraerle la placenta, un descuido que le provocó fuertes dolores.
Tras la primera pérdida, de nuevo quedó embarazada y dio a luz en la misma clínica privada, obteniendo el mismo resultado, otra niña que estuvo viva durante tres días pero repentinamente murió, sin recibir una explicación clara de las causas, ni siquiera un certificado.
El desánimo ya se apoderó de Isabel y de su marido, Juan. Para evitar pasar por lo mismo una tercera vez, esta madre se planteó medicarse porque "¿para qué quería tener hijos? ¿para que se me murieran?", afirma Isabel con contundencia. Comenzó un tratamiento anticonceptivo bastante fuerte que le alteró el organismo. El médico le aconsejó que lo abandonara porque ya no se quedaría en estado pero a los pocos meses, de nuevo, esperaba otro hijo. Al respecto, el facultativo le advitió de que le ocurriría lo mismo que con los anteriores, lo que derrumbó aún más a Isabel porque finalmente se cumplieron las previsiones del médico.
Nunca acudieron al entierro de sus hijos porque el médico no les dejaba que les dieran sepultura porque consideraba que "era una tontería hacer un nicho para un niño tan pequeño pero para mí era una persona", afirma Isabel. Sin embargo, su marido sí que presenció la sepultura en una fosa común del tercer y último hijo fallecido. Para sorpresa del matrimonio, hace unos meses solicitaron unos documentos para comprobar que se enterró a su bebé y sorprendentemente, en la caja figuraba un niño cuando había dado a luz a una niña, por lo que ya corroboraron que todo había sido un engaño.
La experiencia vivida hasta el momento fue negativa. Sufrió mucho, cada vez que volvía a casa y debía guardar todos los preparativos para recibir al bebé. Pero su suerte cambió en cuanto dio a luz a su última hija, y la segunda de los cinco que tuvo que ha podido criar, en una residencia, ya no era la clínica privada que la abandonaron porque no tenían fuerzas para volver una vez más ni el dinero necesario. "La residencia fue mi salvación porque tengo la sensación de que en la clínica habrían intentado quitármela otra vez", afirma Isabel.
En 2010 denunció su caso ante la Fiscalía de Algeciras y todavía espera una respuesta. Paralelamente, tanto su marido como ella se están haciendo pruebas de ADN en un banco en Barcelona, a la espera de que les llamen para darles la noticia que no le dieron hace cuatro décadas. Confiesa que en numerosas ocasiones ha visto por la calle a personas que les recordaban a sus hijos pero rápidamente desechaba la idea. Sin embargo, "ahora, el corazón me dice que mis hijos están vivos, pero sé que será muy difícil encontrarlos, son muchos los niños que robaron", afirma Isabel, a quien no le importa que sus hijos tengan otra familia, tan solo quiere encontrarlos para "decirles que yo nunca los he abandonado, que me los han robado". Así es otra de las numerosas historias que siguen esperando justicia cuatro décadas después.







la esperanza es libre pero muchas familias están rebuscando en muertes naturales en tiempos donde el papeleo no era como hoy todo era mucho más simple y donde hubo un error del registro, un acta o un certificado desaparecido, ahí quieren ver a su hijo vivo, es cierto que hay casos que investigar pero la mortalidad infantil en los 60 70 era todavía alta en toda españa a esas familias hay que ayudarlas a descubrir la verdad que no siempre fue un robo
Para M. J : claro que venimos de un padre y una madre en eso consiste la fecundación del ser humano, pero no busquemos tres pies al gato, los residentes sabemos el alto índice de mortalidad que existía, existe y existirá en el Campo de Gibraltar y quién es el culpable, ocultar el verdadero problema es solo sinónimo de ignorancia.
Animos a Isabel y su Marido. Saber de donde venimos nos abre las puertas en nuestras vidas. Los Secretos solo traen obstáculos. Venimos de un Padre y una Madre. Es lo que es. Abrazos de Luz para todos los que os encontreis en esta situación.