Los recortes y el "ilusionismo programático" del PP nutren la campaña de Rubalcaba

  • El candidato del PSOE recomienda a los andaluces mirar qué se hace en "el norte" en referencia a los gobiernos de Castilla-La Mancha y Madrid y ridiculiza la promesa de los 3,5 millones de empleos.

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 Rubalcaba cargará con una mochila repleta de piedras durante toda su campaña electoral: el legado de José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del que él ha sido uno de sus colaboradores más cercanos. Pero cada día que pasa va quedando más claro que los gobiernos autonómicos del PP, en especial los de Madrid y Castilla-La Mancha, van a aliviarle el peso de las comparaciones. Ahí ha encontrado un filón, al menos para los tradicionales electores progresistas, ésos que volvieron la espalda al PSOE en las pasadas elecciones municipales.

En su primera jornada en Andalucía tras las vacaciones del verano -ayer estuvo en Sevilla, hoy en Granada y la próxima semana  volverá a tres provincias más- recomendó a los andaluces que mirasen hacia el "norte" para saber que haría el PP si logra gobernar en España o en esta comunidad. Al candidato Rubalcaba le ha venido, además, de maravilla la promesa -después, matizada- del PP de crear 3,5 millones de empleo por la sencilla regla de la multiplicación. Según Esteban González Pons, el portavoz popular, con medio millón de nuevos empresarios que, a su vez, contratarán a tres empleados de media, se obtendrá la millonaria cifra de puestos de trabajo. Fue a eso a lo que Rubalcaba denominó ayer "ilusionismo programático" del PP, aunque matizó que no se trata de un ilusionismo que genera ilusión, sino de una suerte de fullería que, por ejemplo,  permite "bajar impuestos, el déficit y mantener el gasto social". "Eso es mentira, no se pueden hacer ambas cosas a la vez, y que Rajoy nos explique de dónde salen esos millones de empleo", señaló ante un auditorio que llenó el salón del hotel sevillano donde el PSOE concentró a los suyos.

Rubalcaba ya ha definido la metodología de su campaña: razonar y convencer. Sus mítines, como el de ayer, se salen del esquema clásico de la sucesión de música-eslogan-aplausos y vuelta a empezar; caña al contrincante, aplausos y vuelta a empezar. Sus mítines parecen clases, donde busca más el componente racional que el emocional, un camino, no obstante, poco explorado y de resultados inciertos. "No voy a enardecer al auditorio, voy a describir la realidad tal como la veo, ni cuento de hadas ni todo negro, y sobre todo voy a explicar cuánto va a costar lo que voy a proponer, no voy a comprometer nada que no pueda financiar", dijo en clara referencia a las últimas propuestas populares. "Nadie puede entregar un cheque en blanco al que vota; si me votan, que sepan qué voy a hacer", sentenció.

Rubalcaba presentó, por la mañana, a Griñán durante un desayuno, visitó el parque aeronáutico de Sevilla y finalizó con esta suerte de mitin de profesor, donde quedó claro que la educación y la sanidad serán los pilares de su programa. Además de casi todo el Gobierno andaluz, le acompañaron Chaves y Gaspar Zarrías. "No voy a recortar ni un euro de educación ni de sanidad; voy a respetar el sistema público de pensiones, y no vamos a dar ni un paso atrás en la igualdad entre hombres y profesores".

¿Pero es que el PP propone algo contrario? Según Rubalcaba, no lo publicita, pero lo hace, y para ello puso el ejemplo de Madrid. En la comunidad que preside Esperanza Aguirre, donde dejarán de trabajar los profesores interinos, bajará el montante de la financiación a la educación pública y a la concertada, aunque no eliminará las exenciones fiscales de la que se benefician los padres que envían a sus hijos a escuelas exclusivamente privadas. "Dice -mantuvo en referencia a Esperanza Aguirre- que no tiene dinero para la pública, pero deja de ingresar los impuestos de padres que envían a sus hijos a colegios privados, caros". "Ésa es la diferencia entre la izquierda y la derecha", mantuvo.

Pero el PP tiene su fórmula, la que mostrará durante la campaña. El partido confía en generar crecimiento económico para bajar impuestos y seguir financiando sanidad, educación y servicios sociales. Rubalcaba ya lo sabe, y algunos dirigentes del PP lo han explicado: es lo que hicieron entre 1996 y el 2004. Pero el candidato socialista, ya tiene su respuesta. Aquel milagro económico se produjo, en su opinión, por un hecho irrepetible y otro poco recomendable: una masiva privatización de empresas públicas que aportaron 40.000 millones de euros y la recaudación de una enorme burbuja inmobiliaria que Aznar ayudó a crear y Zapatero no se atrevió a calmar hasta que le estalló sobre la cara. La mochila.

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