Los ecologistas vuelven a invadir el hotel para exigir su derribo inmediato

  • Una docena de activistas toman el edificio para desplegar una pancarta en la que se podía leer un interrogante: "¿A qué esperan?". Piden un compromiso firme y por escrito.

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De las apenas veinte personas tumbadas al sol ayer en la playa de El Algarrobico, tan sólo dos prestaban atención al ir y venir de unos cuantos jóvenes con casco blanco en la cabeza y mono color naranja de aquí estamos sobre la ropa. ¿Qué les parece todo esto? "Si se refiere al mamotreto ése, nos parece triste. Es una tristeza ver cómo se destrozan los escasos espacios naturales aún semi intactos. Somos asiduos de ésta playa desde hace diecisiete años, venimos de Teruel, y cuando vimos que empezaban a construir esta mole no dábamos crédito. Pero, ¿a quién se le ocurrió tal barbaridad?". A estas alturas ya ni se recuerda, si bien, parece, pudiera ser, que un alcalde de la época, pongamos año 2003, mes más, mes menos, concedió licencia de edificación a una empresa que iba a construir, decían, un hotel destinado a las vacaciones de los empleados de la ONCE.

Y las máquinas comenzaron a devorar monte escalonadamente, mientras en cada peldaño arrebatado al cerro que daba sombra a la playa a partir de las seis de la tarde en verano se abrían las sombrillas de grúas en un trajín incesante de ladrillo, hormigón y acero. Al mismo tiempo, grupos ecologistas locales comenzaron a levantar voces de protesta a las que los políticos locales, autonómicos y nacionales, hacían oídos sordos. Sin embargo, el clamor popular estimulado por ecologistas tipo Greenpeace, sin minusvalorar a las demás asociaciones protectoras del medio ambiente, consiguió ser escuchado en los altos estamentos de la nación. Las obras se paralizaron en el año 2006 a un mes de la apertura del hotel, se lamentan desde la empresa. Se apresuraron a terminar el edificio para que la indemnización fuera mayor, afirman los más avisados.

El entonces alcalde arremetió contra la entonces Ministra del Medio Ambiente, la Ministra le pasó la bola a la Junta de Andalucía, ¿o fue al revés? Qué más da. El caso es que se armó la de Dios, entre todos la mataron y ella sola se murió dice el refrán. Pasados ya unos cuantos años, sentencias judiciales de por medio, puesto precio sin acuerdo a la indemnización por derribo, acciones de Greenpeace destinadas a impedir el olvido de un icono a la vulneración de la Ley de Costas, "una fotografía de la destrucción del litoral y la especulación urbanística", manifestaba ayer a pie de playa Pilar Marcos, responsable de la campaña de Costas de Greenpeace. Marcos actuaba de portavoz de la decena de activistas de la organización ecologista que instalaron ayer una oficina provisional en el hotel El Algarrobico para exigir su inmediato derribo. Para Pilar no cabe duda de que el edificio que llega hasta la playa es absolutamente ilegal "está en un Parque Natural, en una zona de protección de Costas, y es paradójico que la Administración se quiera amparar en la Justicia.

Encima, existen dieciséis pronunciamientos judiciales que reiteran que la zona no es urbanizable y no entendemos qué espera, qué necesita la Junta y el Gobierno para demoler el hotel". Tampoco muestra Pilar Marcos el menor titubeo a la hora de señalar a un "último culpable que es el Ayuntamiento de Carboneras que otorgó la licencia, pero siempre los últimos responsables en la indemnización, en avalar, en demoler, son la Junta de Andalucía y el Estado. No se tienen por qué refugiar en la Justicia".

Para la responsable de la campaña de Costas de Greenpeace, es sorprendente el actual estado de la situación de El Algarrobico "porque tenemos una campaña activa en ocho mil kilómetros de costa y con muchísimos menos pleitos, con más o menos intereses económicos, se han paralizado muchas edificaciones. Por ejemplo el Club Meditarreneé en Cap de Creus, una urbanización ilegal de cuatrocientos chalets y que han sido derribados con interés económicos y medioambientales iguales a este de Carboneras, pero no se entiende que El Algarrobico, con tantísima maraña judicial a favor del medio ambiente, siga en pie".

Según explica Pilar Marcos, "hay un ente que está haciendo mucho por legalizar este hotel, es la Junta de Andalucía. La sentencia de un juez lo dice muy claro: la abulia y la desidia de la Administración andaluza han permitido construir este hotel. Se ha requerido en varias ocasiones al entonces alcalde de Carboneras por permitir la construcción del hotel y si no hubiera tenido un amparo como el de la Junta de Andalucía no hubiera seguido adelante".

Greenpeace ha sufrido el intento de ser apartada del pleito por parte de la Junta, añade Pilar, "porque no quería que estuviéramos como demandantes. El día 21 sale una sentencia muy importante, la del Tribunal Supremo, que va a ratificar que esta zona es no urbanizable y la Junta se ha presentado con papeles diciendo que es urbanizable. Está claro, la Junta de Andalucía, junto con el Ayuntamiento de Carboneras y la promotora, está dilatando los procedimientos judiciales".

La responsable de campañas de Costas de Greenpeace deja caer una pregunta de a quintal: el Estado ha sido capaz de reformar la Constitución española en quince días, ¿qué más necesitan para derribar este hotel?". La pareja de Teruel asiente a lo que narra Pilar y le ofrecen su firma para que derriben el hotel. Entre tanto, el pintor muralista '3ttman' sigue su labor de dejar una huella visible de lejos.

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