el juicio de los ere

Consejo de Gobierno en el Prado

  • Manuel Chaves se sienta en la sala de vistas junto a José Antonio Griñán y Gaspar Zarrías, en la primera línea frente al tribunal, como si reprodujeran el orden jerárquico que les unió

Comentarios 6

Ya no se ven sillones tapizados con terciopelo rojo y madera oscura de caoba. Los pecios de la solemnidad decimonónica se han quedado para los juzgados, los ateneos y las academias, sean reales o no. La estética de la sala donde se ha comenzado a juzgar el caso más político de los ERE es realmente tardofranquista, la Audiencia Provincial de Sevilla lleva más de una década esperando a la construcción de la Ciudad de la Justicia. La modernidad aún vive fuera. Con el retraso habitual del sector, el juicio de los ERE ha comenzado con una hora de retraso. Los 22 acusados han entrado, se han sentado en sus sillas y esto parece un consejo de Gobierno de los que Manuel Chaves presidía en el palacio de San Telmo. Una historia andaluza se sienta en el banquillo.

El primero en tomar asiento ha sido Manuel Chaves, en primera fila, casi en el centro, no ha hecho como la infanta Cristina que, por ser la última en declarar, optó por sentarse al final, lejos de las cámaras. Manuel Chaves se ha sentado delante, como corresponde a un ex presidente. No quiere perderse ni un detalle de las acusaciones ni de los defensores, ni del tribunal. Junto a él, José Antonio Griñán, quien fuese su vicepresidente y relevo en la Junta. Hace tiempo que no comparten la amistad de años pasados, pero los ex hablan entre ellos. Les acompaña en esta primera línea Gaspar Zarrías, el otro ex vicepresidente. Magdalena Álvarez, Carmen Martínez Aguayo y Francisco Vallejo están junto a ellos en este primer frontal de acusados.

Captura de la sala del juicio. Captura de la sala del juicio.

Captura de la sala del juicio. / Capturas de J.M.M.P.

Los asientos no se han fijado previamente, pero los ex consejeros y ex directores generales parece que han seguido el orden jerárquico que tuvieron en la Junta. Detrás de Manuel Chaves se sienta el principal acusado: Francisco Javier Guerrero, el ex director general de Trabajo que repartía los expedientes de las ayudas. Ésa es la compañía que nunca quisieron los ex presidentes, sentarse junto a alguien al que todos tachan de corrupto.

En la sala hay espacio para ocho periodistas y una decena de jóvenes que han entrado de público. El resto de los periodistas están en otra sala cercana, sin wifi y sin baño, apenas se oye al tipo que habla y tampoco hay calefacción. Todo es tan antiguo da cierto picor, da miedo pensar cómo serán los calabozos de los juzgados donde Mercedes Alaya, la instructora, hacía esperar a algunos detenidos del caso del fraude de los cursos de formación. Ella también llegó temprano a su puesto actual en una de las secciones de la Audiencia.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios