Expertos forestales defienden la recuperación con pino de Doñana

  • La Universidad de Huelva contradice otras versiones que abogan por no usar más esta especie

"Huelva debe sentirse orgullosa de esos mares de pinos, como está de las dehesas y los alcornoques de la Sierra". Así se manifestaba un grupo de investigadores del Departamento de Ciencias Agroforestales de la Universidad de Huelva (UHU) que recibió a este periódico a las tres semanas del pavoroso incendio de Moguer que se llevó por delante 8.500 hectáreas de alto valor ecológico y que no dudaron en definirlo como una "catástrofe".

Pero es momento de ver cómo recuperar la zona. Si por un lado la Junta inicia hoy una serie de actuaciones de urgencia en el entorno, hay otro tipo de intervenciones que llevarán más tiempo, por lo que es trascendental qué tipo de decisiones se tomará. La semana pasada hubo una reunión del Consejo de Participación de Doñana en la que se abordó la reforestación, apostando por unos criterios que descarten "el rosario de pinos" por los que se optó hace medio siglo y que se restaure "conforme a unos criterios más acordes al espacio". Un mínimo de 30 años serán necesarios para que los parajes quemados muestren un aspecto semejante al que tenía hasta hace pocas semanas atrás.

Los pinos más antiguos, algunos de ellos bicentenarios, se han salvado de las llamas

Desde el Departamento de la UHU replican esta tesis, pues no entiende el desprecio al pino piñonero que, además, es responsable "en gran parte, del enorme valor ecológico, social y turístico de la marca Doñana". Los investigadores refutaron que el pino piñonero no sea una especie autóctona. "Sí lo es, como revelan los estudios que demuestran la presencia de pinares en la comarca de Doñana desde hace al menos 6.000 años de forma continua y muy abundante". Para ellos no hay duda de que el pino forma parte del patrimonio natural y cultural de la provincia. De hecho, las épocas en que estuvo menos presente "se debieron a deforestaciones causadas por el hombre". Asimismo, destacan su aportación como productores de piñón, biomasa y madera.

"Los pinos tendrán que ser protagonistas de la restauración de la catástrofe, junto con alcornoques, sabinas, madroños u otras especies arbóreas o de matorral que en cada sitio se consideren más adecuadas", defienden los investigadores Gloria López, Raúl Tapias, Francisco Marín y Reyes Alejano, docentes en distintas áreas de esta ingeniería.

Conscientes de una cierta campaña demonizadora hacia una especie tan emblemática del paisaje de Doñana, explicaron que "se ha dicho también que hay un exceso de pinos y que son un elemento propagador de incendios". Su respuesta fue que "los pinos piñoneros son árboles mediterráneos capaces de sobrevivir en condiciones extremas de sequía y baja fertilidad de los suelos". Añadieron que "las especies nunca son culpables de los incendios, sino los modelos de combustible; influyen en la propagación del incendio la estructura de la vegetación y restos vegetales, y su continuidad horizontal y vertical".

La catástrofe se ha llevado por delante, de manera principal, la reforestación llevada a cabo en las décadas de los 40 y 50 del siglo pasado. Se han salvado el pino centenario del Parador y otros ejemplares de nada menos que 180 años de la zona de Galé, entre Mazagón y Moguer. Las repoblaciones se realizaron para dinamizar unas zonas muy deprimidas. De ahí la fundación de poblados como Bodegones o Cabezudos. De hecho, "hace 100 años todo ese paraje era matorral y la reforestación permitió proteger los cultivos y las dunas".

Junto a la zona de reforestación de hace 60 años, la otra parte arrasada fue la franja litoral y la Cuesta Maneli que, como sistema dunar, será el área más complicada. En esa zona se daban especies como sabinas, pinos y algunos enebros, aparte de una gran diversidad de matorrales.

Para su recuperación, defienden los expertos, "habrá que tener muy en cuenta cómo van a comportarse las dunas y si éstas van a ser objeto de las dinámicas eólicas o los efectos de los vientos". Incluso habrá casos en los que no sea necesaria la mano humana porque hay factores que hacen que los entornos puedan estar sujetos a su propia evolución. En el sistema dunar afectado no es extraño encontrar en el subsuelo semillas de algunas especies de manera que aquellas podrían servir de catapulta para la recuperación de esa especial franja litoral.

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