Las vacaciones en el siglo XIX

  • Mientras los ricos acudían a los afamados baños malagueños o granadinos, el resto acudía a las cercanas playas del Murillo o El Chorruelo. La lejanía hacía impensables los baños en El Rinconcillo o Getares

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Estamos en tiempo estival, en momentos de descanso y vacaciones. En la sociedad actual, el concepto de vacaciones está dentro de la normalidad entre los derechos conquistados por los trabajadores. El periodo de lo que definimos como descanso anual, consigue su plena conquista por el mundo laboral en nuestro país, a partir de la segunda parte del siglo XX. Y el ocio, creó el turismo en masa.

Valdevaqueros, Bolonia, La Alcaidesa, las largas caravanas de vehículos provenientes de Tarifa, la masiva presencia de bañistas en las playas de la zona, la operación tránsito, etc.; son lugares, hechos y circunstancias propias de nuestra comarca, e intrínsecas a la propia estación en la que nos encontramos. ¿Pero qué ocurría una centuria atrás?, ¿cómo disfrutaban el periodo veraniego nuestros antepasados?

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, que es el periodo documental que se ha investigado, la palabra "vacaciones", era prácticamente desconocida en la sociedad algecireña. Incluso los pocos que podían permitirse el lujo de buscar un mayor consuelo para el calor de la estación veraniega, utilizaban para describir ese "tiempo de vagancia", otras expresiones como: retiro, veraneo, recreo, baños u holganza.

La sociedad algecireña en aquellos lejanos años, estaba estructurada de un modo muy simple: los ricos y los pobres; los que tenían posibles y los que no; la clase media era una utopía inalcanzable para nuestros abuelos. En aquellos años, la subsistencia era una cuestión del día a día, y una posible holganza, era impensable.

Pero al mismo tiempo, esa misma sociedad (dada la posición geográfica de la ciudad y el recientemente ferrocarril inaugurado y bendecido por el obispo de Gibraltar), era consciente que los meses de verano significaban, mayor tránsito de pasajeros y viajeros que cruzaban el Estrecho y por tanto, un aumento en las posibilidades de trabajar. Algeciras, incluso era el destino final de aquellas "vacaciones", como lo demuestra la siguiente reseña de 1897: "Se encuentra en Algeciras el señor D. Joaquín Peñalver, acompañado de su distinguida señora y sus preciosas hijas. También le acompaña la esposa de su hermano D. Basilio, su simpática hija Antoñita y su sobrina. Bienvenidos sean tan estimados huéspedes".

Dentro de la localidad, el lugar preferido por nuestros acaudalados paisanos, para combatir las tradicionales altas temperaturas, era el popularmente conocido, como Fuente Santa (situado junto al arroyo de Botafuegos, en la falda de la sierra y cercano a la desaparecida venta de La Trocha), como muy bien expresa, uno de los documentos consultados: "A baños para la Fuente Santa, acompañado de su distinguida familia, ha salido nuestro querido amigo e ilustrado médico D. Juan Pérez Santos. También saldrá para dicho lugar la respetable familia de nuestro querido jefe local, señor Muro". El documento se refiere a D. Rafael de Muro y Joarizti, alcalde en aquel momento de la ciudad y jefe del partido conservador.

La presencia de la primera autoridad municipal, en aquellos idílicos y frescos parajes, era frecuente durante el verano, pudiendo seguir de cerca -dada la cercanía con el centro-, los asuntos del municipio: "De vuelta de los baños de Fuente Santa, se reencuentra ya en ésta, la apreciable señora y simpáticas hijas de nuestro distinguido jefe y amigo D. Rafael de Muro, Alcalde Presidente de este Excmo. Ayuntamiento".

Pero en la mayoría de las ocasiones, la buena sociedad algecireña (como así se define, con carácter general en la documentación estudiada), decidía abandonar la ciudad, buscando otros destinos para el retiro estival. "De los baños de Carratraca (Málaga), han regresado las apreciables señoras Doña Dolores García de la Torre, viuda de Cubero, Doña Candelaria Carreras y la bella señorita Ángela Lacarcel".

También entre nuestros antepasados, se puso de moda el retiro en los baños o casas de salud: "Para los baños de Alhama (Granada), salió nuestro correligionario y amigo D. Domingo López Elvilla".

Otros optaban por el saludable aire de las cumbres de la provincia: "Para Zahara de la Sierra (Cádiz), marchó nuestro apreciable amigo D. José Peñalver, acompañado de su distinguida familia".

Incluso la más alta representación militar del Campo de Gibraltar, se tomaba su descanso: "Se encuentra ausente tomando los baños, S. E. el Comandante General de éste Campo, D. Tomás Bouza, quedando interinamente desempeñando el citado elevado cargo, el coronel jefe de zona, Sr. García Dacal".

También los concejales de la época acostumbraban al "baño veraniego": "Regreso de los baños de Archidona (Málaga), D. Manuel López Doménech, de Carratraca (Málaga), D. Jorge Glynn. De Granada los vecinos D. José Puigcarbó y D. José Iturralde".

Incluso el clero local, aprovechaba las calurosas fechas, para alejarse de la ciudad y cumplir al mismo tiempo con sus deberes religiosos: "Regresó de Cádiz, después de haber terminado los ejercicios espirituales, el Cura Párroco de ésta ciudad D. José Flores y Tinoco y el sacristán mayor D. Juan Sánchez".

La salida y llegada del ferrocarril, en su parada frente al hotel Termino, era el lugar de paseo de los algecireños de entonces, lo cual les permitía controlar quién llegaba o quién marchaba: "En el tren correo del jueves, marcharon a los baños de Carratraca (Málaga), D. Rafael Otero y D. Jorge Glynn. A Tolox para tomar aquellas aguas, D. José Ponce. Regresando de Córdoba D. Antonio García Novelles (secretario del Ayuntamiento de la ciudad), y a Ronda, D. José Jiménez Prieto (notario), con su distinguida esposa".

La habitual presencia turística anglosajona en nuestra ciudad, se ve alterada ante un nuevo tipo de turista, como es el poco habitual visitante alemán: "El último jueves fue visitada nuestra población, por un número considerable de touristas (sic), alemanes que regresaron a Gibraltar, en el vapor de las 10 de la noche".

Sin duda uno de los destinos preferidos de los acaudalados algecireños, era el balneario de Tolox, como bien lo demuestran las reseñas anteriores, y la que sigue: "Regresaron de los baños de Tolox, la señora doña Dolores García de la Torre viuda de Cubero (el año anterior, había elegido los baños de Carratraca, como se ha expresado con anterioridad), su hermana política doña Pilar Carreras viuda de García de la Torre y doña Carmen González de Molet. A este balneario marchó nuestro distinguido amigo, D. Carlos Bianchi y su hijo D. José. También salió para tomar aquellas aguas, D. José Ponce".

Mientras los que tenían posibles, acudían a los afamados baños malagueños o granadinos, el resto de la población acudía a las cercanas playas del Murillo (hoy, Avenida Virgen del Carmen), o El Chorruelo (junto al Hotel Cristina), para facilitar el baño un avispado industrial, publicaba el siguiente anuncio: "Casetas con comodidades para baños de mar, la instalada en la playa del Murillo de D. Manuel Gallón".

No obstante la buena sociedad algecireña, seguía practicando las visitas a los balnearios: "Al balneario de Lanjarón, marchó el conocido e inteligente procurador (y posterior alcalde de la ciudad), D. Pedro Mónaco de Torres".

Por aquella época, la propia lejanía y la falta de medios de locomoción, hacían impensable el baño veraniego de los algecireños en las playas de El Rinconcillo o Getares; además ésta última agregaba su fama de peligrosa, debido a los no pocos naufragios que en ella se daba a lo largo del resto del año. En esa extensión de "mala fama", sin duda también colaborarían los contrabandistas de la época.

Al resto de los algecireños sólo les quedaba el consuelo de aprovechar las terrazas de los establecimientos diseminados por la ciudad, tales como: El Café Delicias, El Café Eslava o El Café Recreo.

Con la inauguración al comienzo del siglo XX del hotel Cristina, se inició en Algeciras el fenómeno del turismo de playa, potenciado desde la dirección del establecimiento hotelero; primero con la fábrica del acceso a la playa del Chorruelo, y décadas después con la construcción de una edificación en la playa de Getares; ambas obras facilitaron el acceso de los clientes a los baños de mar.

El Rinconcillo, era prácticamente una aldea de pescadores que disfrutaban en soledad de un entorno paradisíaco. Aquel entorno, marcaba sus vidas en todos los sentidos: los juncos entrelazados del río Palmones, formaba la techumbre de sus blancas barracas; la bahía y las huertas del Acebuchal, les proporcionaban sanos alimentos. La imagen descalza de aquellos "privilegiados", hizo que el prejuicio y la ignorancia, acuñaran la frase: "parece que eres del Rinconcillo", para referirse a las personas descalzas o desaliñadas en el vestir.

En la década de los años cincuenta, visitó nuestra ciudad Alfonso de Hohënlohe, uno de los grandes artífices del milagro marbellí, en una entrevista con las autoridades locales, manifestó, que "si Algeciras mantenía su tipismo y su imagen de pueblo blanco que se asoma al mar, podría incluirse en -la por aquel entonces en proceso de creación-, Costa del Sol". La realidad posterior llevó a nuestra ciudad y al resto de la comarca por otros caminos, pero esa es otra historia.

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