Los cotillones, de capa caída

  • La mayoría de los algecireños optó por el 'botellón' y por las fiestas organizadas en los bares del centro. Los hosteleros prefieren controlar en la puerta el tipo de clientela que entrará en el local en Nochevieja

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Otra Nochevieja más a las espaldas y una hoja más que cae del calendario. Los algecireños recibieron el año nuevo como manda la tradición en compañía de los amigos en fiestas multitudinarias tras una suculenta cena en familia.

Aunque la opción del cotillón, la única que se barajaba hace unos años entre la juventud, ha dejado de ser la preferida de los jóvenes, que optan por realizar una ruta por los bares o quedarse en casa de los amigos haciendo botellón y jugando a la Play Station o la Wii. Un plan que sería impensable hace unos años para los chavales de 16 años que ahora ya rozan la treintena y están cansados de tanto matasuegras y confeti. Por otra parte, los jóvenes que empiezan a salir en Nochevieja parece que no están dispuestos a seguir con la tradición del cotillón. Los hosteleros también han cambiado el chip y prefieren vender las entradas en la puerta de la discoteca que por adelantado, afirman que es una forma de controlar la clientela que entra esa noche y de no ver con horror como de cuatro copas que pide el cliente, se bebe la mitad y las otras dos acaban por el suelo.

En Algeciras, la Nochevieja estuvo marcada por el botellón. El Llano Amarillo volvió a ser el punto de partida, aunque también hubo grupos que burlaron la ley y bebieron alcohol en otras zonas del centro de la ciudad. Otros decidieron reunirse en locales particulares o seguir la fiesta en casa tras las uvas.

Tras el botellón, los algecireños pusieron rumbo a las distintas fiestas que organizaron los pubs de El Secano. En casi ninguno cabía un alfiler pero reinó el buen ambiente. Generatriz y La Goa cobraron 25 euros por entrada más consumición. Para entrar al Sexto Sentido había que pagar 10 euros y los de aforo más reducido optaron por dejar la entrada libre.

Aurelio y sus amigos organizaron un botellón en el garaje de su casa y luego fueron a La Goa. "No merece la pena gastarse 50 euros por un cotillón porque siempre pagas más de lo que bebes y a veces no es de calidad", explica este joven de 24 años. La Goa fue una de las fiestas más concurridas e incluso se desbordaron las previsiones porque a las cinco de la mañana ya no quedaban perchas en el guardarropas.

Beatriz, de 20 años, se decantó por Generatriz. Antes hizo botellón con sus amigas porque reconoce que "en Nochevieja las copas son muy caras para los bolsillos de los jóvenes".

Fuera del centro de la ciudad, la oferta se distribuyó entre Las Palomas y el Down Club de San García, ambientes mucho más tranquilos y con menos chiquillería. Además de los dos únicos cotillones organizados este año: en la sala Tamarindo y en el Restaurante La Menacha.

Tras varias horas de baile y copas, caras cansadas comienzan a salir con cuentagotas de los bares y discotecas. A algunos se les nota más que a otros, hay quiénes ya no se sostienen más sobre los tacones y salen descalzas a la calle y nunca faltan los que abandonan el local sin conseguir andar en línea recta. Nada que no se solucione con unos reconfortantes churros con chocolate y un sueño reparador.

En definitiva, los algecireños recibieron el 2008 con unos 60 euros menos en el bolsillo, ojeras y una sospechosa resaca que te hace pensar que no es oro todo lo que reluce.

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