Hombres y mujeres aprenden a rehacer sus vidas en el Módulo 7

  • Algo más de medio centenar de reclusos de segundo grado comparten experiencias y compromisos en las dependencias terapéuticas y de respeto · Los presos realizan talleres y autogestionan su vida

Se abre la puerta y accedemos a un gran salón pintado en colores vivos, en azul y verde, donde se alinea un grupo de sillas dispuestas para poder ver la televisión desde ellas. Hay pinturas y cuadros hechos en cerámica, carteles explicando vivencias y un futbolín. Estas instalaciones nada tienen que ver con el resto de dependencias de la prisión de Botafuegos. Es el Módulo 7, terapéutico y de respeto, y su conversión en mixto el pasado mes de julio fue uno de los proyectos puesto en marcha por la actual dirección del centro encabezada por Francisco Márquez.

En el Módulo 7 conviven entre 60 y 70 reclusos de segundo grado, de los que actualmente cinco son mujeres. Para acceder a este módulo, una vez que un interno lo solicita, debe cumplir una serie de requisitos, entre ellos "deben estar motivados a cambiar de vida. Firman un contrato por el que se comprometen a cumplir las normas de convivencia y dejar la droga", indica Marian, educadora de prisiones. Aquí se reorganizan mediante la autogestión. Trabajan en equipos que van rotando según las distintas funciones y cuentan con sus propios supervisores. Existen distintas comisiones. La de acogida, que es la encargada de recibir a los nuevos internos, la de apoyo, que intenta resolver los problemas y evitar conflictos, o la de monitores ocupacionales, que son los que controlan las distintas actividades en talleres. "Se trata de que todo el mundo esté ocupado. Que no haya nadie tirado en el patio. Aquí se olvidan del consumo y otras cosas", añade Marian.

Mientras pasamos vemos a uno de los internos, británico de nacionalidad, que da clases de inglés a sus compañeros, o a Juan Antonio Camacho, que es el monitor de gimnasia.

Se hacen valoraciones del comportamiento de los internos. "Diariamente tenemos una reunión con ellos, el funcionario, la educadora y a veces el equipo técnico", añade Marian. La valoración puede ser positiva, pero también negativa en caso de que incumplan alguna norma. "Con tres controles negativos se expulsan y regresan a su anterior módulo. Ellos están por la labor porque lo saben", añade. Aunque es el caso de la mayoría, no todos están con problemas de droga. En este caso, sólo les afecta el programa de respeto, siguen las normas aunque no asisten a la terapia.

Cómo máximo el número de internos en este módulo ha sido de 80, pero hay 72 celdas individuales, que de forma voluntaria se pueden compartir.

Es el caso de Francisco Narváez, natural de Algeciras, y de Ikra Mohamed, marroquí nacida en Tánger. Se conocieron en Botafuegos hace cuatro años en una terapia de convivencia. Ahora en el Módulo 7 pueden estar juntos. Ella está embarazada de seis meses y reconoce que ha aprendido mucho y "ha cambiado mi vida totalmente". Francisco indica que decidieron venirse juntos al módulo "para alcanzar nuestra meta, cambiar nuestra vida" y ahora está el niño.

Aquí hay bastante movimiento de gente, entran muchos pero también salen otros que se derivan a las comunidades terapéuticas para seguir un programa de deshabituación de droga. El papel de las ONG como Alternativas, que dirige talleres de informática, jardinería y de la revista Art. 182, o Proyecto Hombre, entre otras, es muy importante. Los internos realizan salidas como la que realizará en breve un grupo de doce a Jerez. No faltan excursiones ni convivencias trimestrales con sus familias. Ese día se organiza una pequeña fiesta y comida. El carnaval, tampoco es ajeno ya que ahora se preparan las chirigotas, señala la educadora.

Este módulo es autónomo y los internos disponen de lavandería, peluquería, gimnasio, taller de costura, un gran comedor. La limpieza corre a cargo de los reclusos que se organizan en grupos.

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