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  • El director de Botafuegos recuerda a los 39 prácticos que se incorporan a la cárcel que no olviden su sensibilidad humana

El director de la cárcel de Botafuegos, Francisco Márquez, seguro que ayer se frotó las manos por dentro cuando vio que cuatro de los primeros prácticos que se presentaron ayer eran del Campo de Gibraltar. La cárcel de la ciudad es como el tercer plato para los funcionarios. Vamos, que en la casilla de destino preferido no suelen marcar Algeciras, ni siquiera para hacer prácticas. Caso diferente es si proceden de la zona o tienen alguna vinculación.

Es lo que sucedió con buena parte de los 39 trabajadores que durante el próximo mes se adentrarán a lo que quieren dedicarse el resto de su vida laboral. Había de La Línea, Algeciras, Granada, Medina Sidonia, El Puerto, Torredelcampo y hasta Pontevedra. Es decir, un porcentaje importante era de la comarca y sus alrededores. "A ver si por fin podemos planificar", comentaba Márquez entre presentación y presentación. Es uno de los problemas de Algeciras con los funcionarios, ya sea de prisiones o de los cuerpos de seguridad del Estado, aprenden aquí, pero luego se marchan.

Los nuevos empleados llegaron temprano ayer al complejo penitenciario. Pasaron por la cafetería y por las oficinas para cumplimentar los trámites administrativos. Tomaron posesión de su cargo y recibieron las primeras instrucciones de Márquez. Les remarcó que en sus agendas han de tener apuntadas dos claves: que la rehabilitación no tiene una varita mágica y que no deben olvidarse en casa su sensibilidad humana. "La rehabilitación es posible, pero hay que entenderla en sus justos medios. Muchos internos tienen carencias educativas y sanitarias. Nuestro deber y nuestras obligaciones es darles opciones. Decirles. 'Si usted quiere yo le voy a facilitar los medios y puede lograr hasta un título'". Lo mismo con las deficiencias sanitarias. "Hay personas con dientes corroídos, fundamentalmente por la heroína". Animó a animar a que se trataran este tipo de problemas por su salud y por su autoestima.

Recordó que entraban en la administración para servir y no para servirse y que los buenos modales no estaban reñidos con la autoridad. Tras los primeros consejos, llegó la ronda de presentaciones. No se la imaginen en plan marcial. El práctico se levantaba, decía su nombre, procedencia y si había sido interino. Más tarde los los 39 se agruparon en torno a dos tutores y comenzaron sus prácticas. Después de la jornada algunos tuvieron que buscar pisos para alojarse, aunque en menor número que otros años.

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